-Hueles a cigarro –me dijo cuando la salude. Estaba más guapa que de costumbre, hacia mucho que no la veía ¿Una año? Quizá dos, pero no podía negar que estaba más bonita que antes, cuando recién la conocí.
No sabía que hacía ahí, había pasado mucho tiempo sin que yo participara en algo de la iglesia, pero mi hermana me dijo que la ayudara a envolver regalos para la campaña de navidad.
Nunca me sentí identificado con la iglesia, incluso cuando formaba parte de ella, siempre sentía un “deber”, nada me nacía, todo lo hacía porque lo tenía que hacer. Quizá por eso me fui, obviamente volví por un tiempo, pero fue peor que el inicio, así que hui por segunda vez y esa iba a ser la definitiva.
Lo único bueno de la iglesia fue Jessica (que ahora estaba muy diferente). La conocí en una campaña de navidad tres años atrás. Para esa época ambos estábamos en el colegio, teníamos la misma edad y siempre nos cruzábamos en los diferentes eventos de la iglesia. Tenía el cabello oscuro, de piel clara, de ojos brillantes y una mirada que solo causaba ternura. Yo por el contrario, estaba en el hoyo.
Hablábamos mucho desde que me envolví en el rollo eclesiástico, hablábamos mucho de nosotros, de mis relaciones, de sus relaciones, de mis amigos, de sus amigos, de mis anécdotas, de sus anécdotas… nunca nos falto un tema. Muchas veces pasaba a recogerla a su casa para ir a misa, para ir al rosario, para hablar toda la noche juntos.
Y ahora estaba ahí, criticando el perfume del tabaco que despedía mi polo.
-¿Haz fumado? – me preguntó mirándome como esas veces.
-Un poco.
-No deberías hacerlo, hace mucho daño…
Y mientras me resondraba me perdía en sus ojos. “Si tan solo no estuviera en la iglesia” pensaba de una manera energúmena.
Nos pusimos a envolver regalos, hablamos mucho, pero eran tonteras a comparación de nuestra camaradería de antes. Me hablaba de que su vocación estaba en duda, cosa que en ese momento no entendí y yo metí mi nariz diciéndole que yo también dude de mi vocación hacia ya un año, cuando era estudiante de Finanzas en ESAN, dudaba de esa vocación porque dedicaba más de ocho horas a leer y a escribir, huía de clases, iba a un barcito que quedaba por la universidad Católica y que, obviamente, lo único que quería era ser estudiante de literatura en la San Marcos.
-No Luis, no me estas entendiendo. Estoy en duda, no sé si ser monja.
Me quedé paralizado, dejé por un momento de envolver. Pero ella seguía igual, envolviendo, sin darse cuenta de mi reacción.
-Lo he pensado mucho, pero no se qué hacer con mi vida. Me va bien en la universidad, pero siento que esto no me llena por completo.
Volví a empacar el regalo, no opinaba mucho ¿Dónde diablos estaba la Jessica de antes? La que obviamente sabía que quería tener hijitas y ser una mama a tiempo completo y mimar a su marido como nunca lo hizo con otra persona ¿Dónde está esa Jessica? Que lo único que quería era ser profesional y casarse de blanco.
-¿Tu qué opinas? –Me dijo de golpe, clavándome esa mirada tan dulce de siempre.
-No sé –Obvio que no sabía, si cuando estaba en la iglesia ella era la única, con la que me casaría, con la que tendría una familia feliz.
Me reí y le dije que se tranquilizara, que hay tiempo. Y le cambie de tema.
Me empezó a preguntar por mí, sobre mi vida, mis relaciones recientes, ¿Qué opinaba de la vida?...
-Dime Luis ¿Todavía quieres ser escritor? –Creo que ella era la única chica a la que le había dicho que quería ser un escritor profesional, en una reunión.
-No sé, ya no escribo como antes. Ya no leo como antes. Nunca tuve el talento flaca… nunca lo tuve.
Recuerdo que una vez nos quedamos mirándonos en la puerta de su casa, estábamos a punto de besarnos, ganas no nos faltaban, incluso ella me estaba cogiendo de mi mano. Pero nuestros principios capellanes hicieron que nos despidiéramos rápidos y que le pida mil disculpas.
Cuando ya era tarde, todos se estaban yendo del Centro Pastoral (una suerte de casa que acoge a todos lo que están interesados en ser miembros de la iglesia… que raro que me acogieron a mí).
-¿Nos vamos?
Si esa frase viniera de una chica normal, de alguna chica que no está involucrada en la iglesia, la hubiera cogido de la mano y la hubiera acercado a mi boca hasta sentir apretados nuestros labios. Pero asentí con la cabeza y le dije: “Vámonos”
Caminamos un par de cuadras juntas, ella me seguía preguntando sobre mí, yo respondía y trataba de no chocar contra sus creencias que alguna vez también fueron mías.
-Bueno, me tengo que ir. Cuídate –Me beso la mejilla y agrego –Estas muy diferentes, no eres el de antes. ¿Desde cuándo eres tan pesimista? ¿Dónde diablos esta el Luis que conocí hace tres años? Tienes una cajetilla grande en el bolsillo y te apuesto que solo quedan pocos cigarrillos, apuesto a que bebes todos los fines de semana ¿Qué tienes Luis? Ya no miras las cosas como antes. Tú me enseñaste a ver las cosas por el lado bueno. Con un par de preguntas me bastaron para darme cuenta que estas en el hoyo, que estas tocando fondo. No es nada físico… pero emocionalmente estas muriendo. Llegaraáun momento donde no aguantarás más.
-Lo siento Jessica. Adiós.
Me fui y volví a prender un cigarrillo, aturdido, pensando en cada palabra que me dijo ella.
Cuando boté todo el humo de mi boca, volteé a ver si ella estaba ahí.
Y me estaba mirando desde hacía un buen rato.
"...Y mis mentiras son batallas inventadas para ganar mis propias guerras." - La Madera del Alma - Gianmarco
diciembre 12, 2009
octubre 08, 2009
Yo no sé sufrir.
Debería llorar, debería sufrir y no lo hago. Me miro al espejo “¿Esto me sucede a mí?” me pregunto en silencio. La casa silenciosa con la noticia, algunas lágrimas recorren el rostro de mi mamá, algunos pasos deambulan por la casa… pero el silencio no termina.
Todos lo sabemos, incluso la niña, pero la mamá de la niña no lo sabe.
Mi papá es tan frugal, tan frio, tan callado “¿Cómo lidiará con el silencio?” es otra pregunta que impacta en mi cabeza cuando me sigo mirando al espejo como un desconocido… ¿En qué momento se mando a joder mi actitud?
¡Los teléfonos! Putos teléfonos, conspiran en silencio los que hablan por teléfono, ocultando a toda costa la verdad. La verdad, lejos de sentirse disimulada, se vuelve en cada momento más obvia.
Y me miro al espejo y no sale ni una lágrima, no siento dolor, no siento pena… tampoco estoy alegre, la noticia vino y se fue. No sé sufrir.
-Es probable que muera- las paredes susurran al oído y lo recuerdas una vez más.
Yo estaba alegre, hacia bromas cuando supe que nació “Una mujercita” sonreía con ganas de verla crecer. Pero la paredes vuelven a hacer recordar que va a morir ¡VA A MORIR! Y no estoy triste, raramente me siento muy normal y lo demás sigue girando.
En la casa nos miramos las caras con vergüenza, vergüenza de decir la verdad. A mí no me hace daño ¿Por qué no son sinceros?
Otra duda que surge en la tensión… y me sigo mirando al espejo, fastidiado de verme ¿Cuándo mierda cambie?
Entonces otra vez salgo de mi casa y vuelvo a engañar al mundo entero diciendo: “Estoy bien”.
Todos lo sabemos, incluso la niña, pero la mamá de la niña no lo sabe.
Mi papá es tan frugal, tan frio, tan callado “¿Cómo lidiará con el silencio?” es otra pregunta que impacta en mi cabeza cuando me sigo mirando al espejo como un desconocido… ¿En qué momento se mando a joder mi actitud?
¡Los teléfonos! Putos teléfonos, conspiran en silencio los que hablan por teléfono, ocultando a toda costa la verdad. La verdad, lejos de sentirse disimulada, se vuelve en cada momento más obvia.
Y me miro al espejo y no sale ni una lágrima, no siento dolor, no siento pena… tampoco estoy alegre, la noticia vino y se fue. No sé sufrir.
-Es probable que muera- las paredes susurran al oído y lo recuerdas una vez más.
Yo estaba alegre, hacia bromas cuando supe que nació “Una mujercita” sonreía con ganas de verla crecer. Pero la paredes vuelven a hacer recordar que va a morir ¡VA A MORIR! Y no estoy triste, raramente me siento muy normal y lo demás sigue girando.
En la casa nos miramos las caras con vergüenza, vergüenza de decir la verdad. A mí no me hace daño ¿Por qué no son sinceros?
Otra duda que surge en la tensión… y me sigo mirando al espejo, fastidiado de verme ¿Cuándo mierda cambie?
Entonces otra vez salgo de mi casa y vuelvo a engañar al mundo entero diciendo: “Estoy bien”.
octubre 04, 2009
Un escritor ex enamorador de mi ex enamorada
Una de las cosas que me hicieron dar cuenta que mi vida iba cambiando, fue el llegar a quinto de secundaria. Milagrosa o dudosamente entré al circulo de estudios donde solo entraban los inteligentes y yo (que no soy inteligente).
Eran tiempos interesantes, me conquistaban los libros y una guitarra desafinada. Tenía una enamorada muy simpática que me escuchaba, que me quería; y sin embargo, no me llenaba completamente. También estaban nuestros deberes como estudiantes, teníamos que estudiar para ingresar a alguna universidad y sobrevivir, sobre todos “nosotros” los del círculo de estudios.
Se hablaba mucho de un muchachito de baja estatura, alguien que predicaba a los Guns N' Roses, que prefería leer en clase de química antes que atenderla. Me decían que escribía los mejores poemas, que soltaba frases que asombraban a las chicas y también que yo ya lo conocía. Se decía, también, pero eso se me hizo difícil creerlo hasta que lo vi, que enamoraba a mi ex enamorada que, incluso en esos tiempos, me seguía gustando a mí…
¿Quién era? pues no lo supe hasta que un día me senté junto a él. En ese momento no lo sospeché, ni me lo imaginé, pero estaba ahí. Nos hicimos buenos amigos y yo no me daba cuenta que en los recreos él salía a abordar a mi ex enamorada. Yo vagabundeaba por el cafetín con otros amigos, mientras que ese infeliz (que lo quiero mucho ¡MALDITA SEA!) trataba de robarle un beso a esa muchachita.
Cuando me enteré quien era el desgraciado, ya era muy tarde, aquel flaco que compartía carpeta conmigo ya era mi amigo, ya habíamos intercambiado versos, historias, libros y canciones. Se me hizo difícil aceptarlo.
Ya con el tiempo, yo le decía, a él, las cosas que le gustaban a mi ex enamorada.
¿A qué viene todo esto? Pues ese desgraciado, que no solo se conformó con enamorar a mi ex enamorada, que no se conformó con escribir mejor que yo y que no se conformó con hacerse mi mejor amigo para que no le pegue, cumplió años ayer. Y se conformó, ahora sí, con emborracharme.
Si el invitarte unas galletas a los once años, si el compartir un viaje de promoción, si el escribirle a la misma chica, si el irnos de retiro juntos y morir, si el prestarnos libros, películas o escritos, si el escuchar un partido en un parque cerca del estadio, si el “piano bar” (sabes a lo que me refiero), si el escaparnos a fumar a la espalda de tu universidad, si el emborracharnos juntos, si el que duermas en mi casa, si el que salgamos con Melissa a desahogarnos… Si todo lo que hemos vivido juntos, no es amistad… ENTONCES NO SÉ LO QUÉ ES…
Eran tiempos interesantes, me conquistaban los libros y una guitarra desafinada. Tenía una enamorada muy simpática que me escuchaba, que me quería; y sin embargo, no me llenaba completamente. También estaban nuestros deberes como estudiantes, teníamos que estudiar para ingresar a alguna universidad y sobrevivir, sobre todos “nosotros” los del círculo de estudios.
Se hablaba mucho de un muchachito de baja estatura, alguien que predicaba a los Guns N' Roses, que prefería leer en clase de química antes que atenderla. Me decían que escribía los mejores poemas, que soltaba frases que asombraban a las chicas y también que yo ya lo conocía. Se decía, también, pero eso se me hizo difícil creerlo hasta que lo vi, que enamoraba a mi ex enamorada que, incluso en esos tiempos, me seguía gustando a mí…
¿Quién era? pues no lo supe hasta que un día me senté junto a él. En ese momento no lo sospeché, ni me lo imaginé, pero estaba ahí. Nos hicimos buenos amigos y yo no me daba cuenta que en los recreos él salía a abordar a mi ex enamorada. Yo vagabundeaba por el cafetín con otros amigos, mientras que ese infeliz (que lo quiero mucho ¡MALDITA SEA!) trataba de robarle un beso a esa muchachita.
Cuando me enteré quien era el desgraciado, ya era muy tarde, aquel flaco que compartía carpeta conmigo ya era mi amigo, ya habíamos intercambiado versos, historias, libros y canciones. Se me hizo difícil aceptarlo.
Ya con el tiempo, yo le decía, a él, las cosas que le gustaban a mi ex enamorada.
¿A qué viene todo esto? Pues ese desgraciado, que no solo se conformó con enamorar a mi ex enamorada, que no se conformó con escribir mejor que yo y que no se conformó con hacerse mi mejor amigo para que no le pegue, cumplió años ayer. Y se conformó, ahora sí, con emborracharme.
Si el invitarte unas galletas a los once años, si el compartir un viaje de promoción, si el escribirle a la misma chica, si el irnos de retiro juntos y morir, si el prestarnos libros, películas o escritos, si el escuchar un partido en un parque cerca del estadio, si el “piano bar” (sabes a lo que me refiero), si el escaparnos a fumar a la espalda de tu universidad, si el emborracharnos juntos, si el que duermas en mi casa, si el que salgamos con Melissa a desahogarnos… Si todo lo que hemos vivido juntos, no es amistad… ENTONCES NO SÉ LO QUÉ ES…
octubre 01, 2009
Senectud apresurada
Prendo mi lap top como todas las noches, me comunico con poca gente (no me gusta la multitud) por lo general de la universidad ya que es el nuevo entorno que me rodea, gente divertida, que me hace reír, gente enérgica, con mucha fuerza y que, obviamente, es más entretenida que yo.
Un pequeño incidente ocurre entonces, de la nada… todo por la culpa de mi ego tan disimulado. Nadie nota mi ego, pero se alimenta mucho y crece con mucha rapidez. Natalia, mi querida vecina, me envía una nota diciendo “Te dedico esta canción” adjunto a una página que no logro reconocer.
Se me hace raro, con Natalia nunca hablamos de lo “nuestro”, siempre fue unos destellos de soledad que terminaron en besos, una suerte de amor furtivo y apresurado, de esos que se consuman en una noche después de varias copas en la cabeza.
Me emociono de tanta ternura y aunque no quiero comprometerme a nada termino por abrir esa canción que me dedica con un emoticon sonrojado. Sale una rara sonrisa de mis labios ¿Qué quiere Natalia? Me pregunto con cierto morbo.
Entonces la pantalla parpadea y se abre una y otra ventana, al comienzo no comprendo… pero luego entiendo que no se trata de una canción dedicada a ese sentimiento borrascoso que una noche nació (cuando cursaba el cuarto de secundaria)… si no que es un maldito virus e inmediatamente el virus se es disparado para todos mis contactos.
Entonces me amargo, me hostigo, me descontrolo un poco y no sé qué hacer. Me molesta que mi lap top tenga virus, me molesta darle una explicación a todos los contactos que les envié el virus y me molesta haberme ilusionado con una supuesta canción de Natalia.
Decido huir, el camino más fácil, dejar a Mafe sola con su trabajo, irme sin dar explicaciones a la gente de la universidad. Pero antes de cerrar mi sesión una ventana sorprende mi pantalla. “¿Qué diablos tienes?” mi ex enamorada Natalia (casualmente con el mismo nombre) empieza con un tonto espectáculo.
Le explico lo sucedido y le pido perdón, pero me tilda de ebrio. Le vuelvo a pedir perdón y trato de explicarle pero es inútil… no entiende ni media palabra de lo que trato de explicar, por más que me esmero en hacerle entender no se puede.
Amargo de tanta tontería cierro la lap top y salgo de mi cuarto, agarro el nextel, alerto a Jazmín y le cuento lo sucedido. Se burla de mi estupidez y me siento un tonto. Salgo a fumar un poco y pienso.
Llego a mi casa con un montón de conclusiones en la cabeza y entre ellas solo una es la mas importante “ME HE VUELTO VIEJO”.
No es broma.
Últimamente me amargo de cualquier cosa y para no incomodar a nadie solo digo “Estoy cansado” pero en realidad estoy a punto de estallar.
Duermo después de comer y si me despiertan (que es casi siempre) mi genio revienta, no soporto que me despierten, tengo que despertarme por mi propia cuenta para estar tranquilo.
Si no entiendo alguna clase, me doy por vencido y me hago el loco hasta que me la expliquen de nuevo.
Mi memoria está hecha tiras, no recuerdo rostros, no recuerdo nombres, no recuerdo lo que hago… solo recuerdo que tengo que dormir.
Miro mi novela y no me gusta que hagan bulla cuando la miro porque me amargo y callo a todos lo que hacen bulla.
Ni siquiera el deporte me hace sentir más fuerte, me molesta que jueguen peor de lo que yo juego, peor si me echan la culpa.
Me he vuelto una señora. Una señora solterona que no tiene tiempo de hacer lo que le gusta y anda amargada de la vida. Perdí mis ganas de hacer lo que quiero ¿Por qué? No lo sé y tampoco quiero respondérmelo, porque me haría muchos problemas y no me gustan los problemas, que es otro síntoma de esta senectud apresurada.
Un pequeño incidente ocurre entonces, de la nada… todo por la culpa de mi ego tan disimulado. Nadie nota mi ego, pero se alimenta mucho y crece con mucha rapidez. Natalia, mi querida vecina, me envía una nota diciendo “Te dedico esta canción” adjunto a una página que no logro reconocer.
Se me hace raro, con Natalia nunca hablamos de lo “nuestro”, siempre fue unos destellos de soledad que terminaron en besos, una suerte de amor furtivo y apresurado, de esos que se consuman en una noche después de varias copas en la cabeza.
Me emociono de tanta ternura y aunque no quiero comprometerme a nada termino por abrir esa canción que me dedica con un emoticon sonrojado. Sale una rara sonrisa de mis labios ¿Qué quiere Natalia? Me pregunto con cierto morbo.
Entonces la pantalla parpadea y se abre una y otra ventana, al comienzo no comprendo… pero luego entiendo que no se trata de una canción dedicada a ese sentimiento borrascoso que una noche nació (cuando cursaba el cuarto de secundaria)… si no que es un maldito virus e inmediatamente el virus se es disparado para todos mis contactos.
Entonces me amargo, me hostigo, me descontrolo un poco y no sé qué hacer. Me molesta que mi lap top tenga virus, me molesta darle una explicación a todos los contactos que les envié el virus y me molesta haberme ilusionado con una supuesta canción de Natalia.
Decido huir, el camino más fácil, dejar a Mafe sola con su trabajo, irme sin dar explicaciones a la gente de la universidad. Pero antes de cerrar mi sesión una ventana sorprende mi pantalla. “¿Qué diablos tienes?” mi ex enamorada Natalia (casualmente con el mismo nombre) empieza con un tonto espectáculo.
Le explico lo sucedido y le pido perdón, pero me tilda de ebrio. Le vuelvo a pedir perdón y trato de explicarle pero es inútil… no entiende ni media palabra de lo que trato de explicar, por más que me esmero en hacerle entender no se puede.
Amargo de tanta tontería cierro la lap top y salgo de mi cuarto, agarro el nextel, alerto a Jazmín y le cuento lo sucedido. Se burla de mi estupidez y me siento un tonto. Salgo a fumar un poco y pienso.
Llego a mi casa con un montón de conclusiones en la cabeza y entre ellas solo una es la mas importante “ME HE VUELTO VIEJO”.
No es broma.
Últimamente me amargo de cualquier cosa y para no incomodar a nadie solo digo “Estoy cansado” pero en realidad estoy a punto de estallar.
Duermo después de comer y si me despiertan (que es casi siempre) mi genio revienta, no soporto que me despierten, tengo que despertarme por mi propia cuenta para estar tranquilo.
Si no entiendo alguna clase, me doy por vencido y me hago el loco hasta que me la expliquen de nuevo.
Mi memoria está hecha tiras, no recuerdo rostros, no recuerdo nombres, no recuerdo lo que hago… solo recuerdo que tengo que dormir.
Miro mi novela y no me gusta que hagan bulla cuando la miro porque me amargo y callo a todos lo que hacen bulla.
Ni siquiera el deporte me hace sentir más fuerte, me molesta que jueguen peor de lo que yo juego, peor si me echan la culpa.
Me he vuelto una señora. Una señora solterona que no tiene tiempo de hacer lo que le gusta y anda amargada de la vida. Perdí mis ganas de hacer lo que quiero ¿Por qué? No lo sé y tampoco quiero respondérmelo, porque me haría muchos problemas y no me gustan los problemas, que es otro síntoma de esta senectud apresurada.
septiembre 06, 2009
Noches de memoria
Todas las noches,
poco a poco,
ellas vuelven a mi memoria,
me hacen reproches
y me recuerdan nuestra historia.
Soy más culpable
de lo que no aparento ser.
También yo me fui a perder
con otros besos agradables.
No voy a defenderme
diciendo que no quise
probar los labios del pecado.
No me arrepiento de lo que hice,
si no saben quererme,
las puertas se han cerrado.
Esperaré otra muchachita
con la boca marchita
para poder renacer
lo que supe perder.
Y entonces entrará a mi memoria
mientras en las demás noches
se repita la misma historia.
poco a poco,
ellas vuelven a mi memoria,
me hacen reproches
y me recuerdan nuestra historia.
Soy más culpable
de lo que no aparento ser.
También yo me fui a perder
con otros besos agradables.
No voy a defenderme
diciendo que no quise
probar los labios del pecado.
No me arrepiento de lo que hice,
si no saben quererme,
las puertas se han cerrado.
Esperaré otra muchachita
con la boca marchita
para poder renacer
lo que supe perder.
Y entonces entrará a mi memoria
mientras en las demás noches
se repita la misma historia.
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