No me digas que me porte bien.
No me digas: "No me hagas daño".
Siempre que soy, cómo quiero ser,
termino siendo el malo.
No me pidas alegrías.
No me pidas serte fiel.
Porque en las noches salgo con ella,
mientras tu te besas con él.
No me exigas que te escriba,
ya que nunca más lo haré.
No me exijas, ni me pidas
lo que nunca más te daré.
"...Y mis mentiras son batallas inventadas para ganar mis propias guerras." - La Madera del Alma - Gianmarco
agosto 09, 2009
agosto 08, 2009
Fumando el humo mientras todo pasa.
[El título del siguiente escrito hace referencia a la cancion de Fito Páez- Al lado del camino.]
Hace poco volví a ver el poster del “Che” Guevara: un hombre barbón, con la mirada en alto y un habano en la boca. Esa imagen la había visto cuando tenía seis años en la habitación de mi tío. Lo que más me llamaba la atención de esa imagen no era la frase de abajo (“El mejor entre los buenos”) sino ese objeto cilíndrico que colgaba de su boca.
Mi primer cigarrillo fue a los once años. Mamá había salido de viaje y papá trabajaba hasta tarde. Ese día invité a dos amigos a mi casa para hacer cualquier cosa, en realidad eso de prender un cigarro no se me había ocurrido, pero José fue quien llevo una cajetilla de Montana.
José trajo, junto a su cajetilla, dos amigas muy peculiares: Sandra y Roxana. Sandra, al igual que Roxana, era mayor que nosotros. Sin embargo, en la sala de mi casa, esas diferencias se perdían.
Entonces nos aventuramos a prender un cigarro, el arte de tragar y emanar humo de la boca. Esa tarde no solo fume mi primer cigarro, sino que también di mi primer beso. Sandra era una de esas chicas de piel clara, de sonrisa plena y una mirada muy tierna y seductora. Ella tenía trece años y ya cursaba el segundo de secundaria. Yo era un joven torpe y soñador, no sé si ese beso fue un éxtasis de romance o solo un impulso de un juego llamado “La botella borracha”.
Lo cierto es que esa tarde quedó grabada en mi memoria para siempre, no solo porque una muchacha mayor que yo me regalaba un beso, sino que mi primer cigarrillo también toco mis labios. En realidad fue una experiencia un tanto repugnante, me sentí mareado casi al instante, pero ese pequeño afán de sentirme mayor en frente de Sandra, que me veía exhalar el humo con mucha masculinidad, era muy fuerte.
Pensé que esa vez seria la ultima, sin embargo, tres años después la historia cambiaria mis expectativas.
Cuando llegué a tercero de secundaria empecé a rondar billares junto a mis amigos. Todos esperábamos ansiosos las salidas para huir por la avenida y caminar cuatro cuadras hacia ese sótano donde había varias mesas de billar. Dejábamos los bolsos de lado, nos remangábamos las camisas y empezábamos a jugar.
Un día de esos Paul se apareció con una cajetilla de Lucky Strike en las manos. Paul no iba al billar a jugar, como los demás, él solo nos acompañaba para conversar y matar sus tardes de soledad. Y entonces fue así como vi, en el borde de la mesa, un cigarro prendido, esperando ser tomado por alguno de nosotros. Y entonces lo tome con los dedos, lo llevè a mis labios y tragué el humo.
Después, ya en las fiestas y en las reuniones, siempre me aparecía con un cigarrillo en los dedos que, de eventualidad, me daba más seguridad al momento de hablar con mis amigas.
Cuando entré al cuarto de secundaria, a pesar de no tener el hábito de fumar muy seguido, fumaba de vez en cuando, camino al colegio, saliendo de clases, camino a ensayar con mi primera banda de rock.
Para esas épocas fumaba una marca que reconocí en uno de los cuentos magistrales de Ribeyro: los Pall Mall. Después de leer “Solo para fumadores” del mismo, me volví loco. Buscaba diferentes marcas y sabores para encontrar el tabaco perfecto, pero los Pall Mall ya me tenían amarrados a su sabor. Después de eso, no volví a leer nada interesante sobre el hábito de fumar.
Fueron los Pall Mall los que me llevaron a la gloria. Leía con un filtro entre los dedos cuando subía al techo de mi casa a buscar tranquilidad, fumaba cuando redactaba mis primeros ejercicios literarios, fumaba cuando Ingrid me desafiaba en una discusión sobre un libro o una banda o una canción. Sea lo que sea, fumaba para sentir esa seguridad de que las palabras fluyan y caigan por su propio peso.
Mi dosis era mínima ya que solo fumaba en esas ocasiones. Me compraba un paquete sólo para esos momentos y la cajetilla la tenía guardada hasta que vuelva a hacer lo mismo.
El siguiente verano me hice fiel compañero de Carlos, un fumador más experto en el asunto. Mi verano fue maravilloso, recorríamos el malecón fumando mientras me contaba sus anécdotas, sus secretos, mientras me presentaba a sus amigas y se unían al grupo. Probé distintas marcas con él y mi paladar se volvía más selecto para reconocer el tipo de tabaco que surcaba mi garganta.
Ya en quinto de secundaria, me di cuenta que no estaba solo en el mundo. Mis escritores preferidos, los grandiosos músicos que escuchaba, los genios que componían versos y canciones también gozaban del mismo hábito, lo cual me hacía sentir como un pez en el agua.
Creo que el vicio no es tan hereditario que digamos. Mamá fuma ocasionalmente, mi papá dejo de fumar cuando se dio cuenta que lo hacía por pura pose, mi hermana también dejo de fumar cuando entró a la iglesia y sólo uno de mis primos me hacia compañía afuera de las reuniones para acabarnos un asqueroso Hamilton que nos calmaba la ansiedad. A mi abuelo lo vi fumar la última vez que fui a su casa, y no es exactamente el tipo de fumador que pensé que podría ser. Pero la excepción, el punto aparte de la familia es mi tío Beto. Fumador empedernido, siempre (repito SIEMPRE) en las reuniones, manejando su camioneta, escuchando música, enseñándome a estacionar un auto, hablándome de sus viajes, lo he visto con una cajetilla en el bolsillo de su camisa y un cigarro entre dedos. Con los bigotes un poco marrones de tanto tabaco y los dientes medio amarillentos.
Era indispensable, ya instalado en la universidad, llegar a la facultad con un cigarro entre los dedos. Muchas veces, cuando tenía clases muy temprano, iba al cafetín y tomaba un café… desde ese momento la combinación de café mas tabaco se volvió la más completa y agradable de todas.
No solo fui (soy) un fumador, también inculqué el arte a mis amigos, amigos que nunca habían probado lo bien que se sentía caminar con un cilíndrico entre los dedos, llevárselo a la boca y sentir fluir el humo. Jorge fue una de las víctimas de este (no sé si mal o buen) hábito. Cuando salíamos con Melissa a caminar, Melissa y yo fumábamos cuando conversábamos y Jorge siempre nos miraba un tanto angustiado por la escena que presenciaba. Hasta que un día decidió hacerlo. Y ahora cada vez que nos reunimos a jugar poker, a celebrar una fiesta o solamente conversar… abre una cajetilla… saca un cigarro… coge el encendedor… y fuma.
Pero no solo él fue víctima de este vicio, varios nombres cruzan por mi cabeza cuando empiezo a redactar esta parte. Adriano, Anderson, Diego, Victor, Omar… el mismo Omar Utrilla Ramírez que era la excelencia en las clases de Realidad Nacional. Cuando salíamos a sentarnos al cafetín y debatir algún tema aprendido, me veía sacando un cigarrillo y él un poco ansioso me pedía uno y conversaba con más tranquilidad.
Otro caso aparte de los fumadores que conocí fue Christiam. A Christiam lo conocí cuando ya estaba en el segundo ciclo de la universidad, cuando ya la idea de estudiar literatura iba tomando forma y cuando había dejado los Winston de lado para reemplazarlos por los imponentes Lucky Strike. Todas nuestras conversaciones, mis ensayos con mi segunda banda de rock, mis partidos de poker en un salón de la universidad… todo fue acompañado de Christiam y sus infaltables Lucky Strike. Recuerdo que Christiam era un fiel consumista de esa marca, tanto que un día vi que colgaba un medallón en su cuello y le pedí que me lo mostrara, cuando leí lo que decía solo atine a reírme… decía “LUCKY STRIKE”.
Un día saliendo de la biblioteca, después de estudiar, me encontré con Susana y me vio fumando.
-Deberías de dejar de fumar- me dijo un tanto preocupada- te puede hacer mal.
Pero en realidad nunca me había preocupado por eso. Mis partidos de tennis seguían siendo buenos y reñidos, cuando jugaba futbol también… no sentía agitación rápida como ella me lo había descrito, por el contrario, siempre que jugaba futbol, o salía a correr me sentía mejor.
Pero ahí empezó mi preocupación. Para esas épocas Rosa también me hizo prometer que dejaría de fumar drásticamente o por lo menos que reduzca mi dosis de tabaco y sobre todo que no fume en frente de ella. A pesar de que rompí esa promesa dos veces, deje de fumar dos meses y medio, los cuales no fueron tan difíciles ya que salía con Rosa muy seguido y casi no pensaba en fumar.
Despues de esos dos meses y medio, cuando volví a coger un cigarro de los de Christiam, me dio un poco de nauseas, así que decidí cambiar de marca, una marca más suave. Fue así como conocí a los no tan milagrosos Kent cuyo sabor nunca me terminaron de convencer. Eran muy suaves, era como tragar aire puro y no sentía el sabor exacto del tabaco ya que a veces se confundía con los diferentes aromas regados por el ambiente.
Si Susana me dijo que el tabaquismo me llevaría a tener problemas, pues fue cierto. Un día saliendo de la facultad, prendí un cigarro y entonces vi una llama que no se apagaba, cuando miré lo que estaba haciendo, había prendido el cigarro por el lado equivocado. También me quemé, mas de una vez, las cejas, las pestañas e incluso un poco de cabello. Pero el problema más grande fue en una fiesta cuando me agache a recoger mi encendedor y Jazmín me quemó la frente con su cigarro ardiendo.
Decepcionado de los Kent, que no solo eran feos, sino que también me costaban los mismo que me costaba un paquete de Lucky Strike y pagar los mismo por algo peor no valía la pena. Así que tuve que volver al régimen de los Lucky Strike.
Obviamente he probado otras marcas que son buenas, pero de alguna manera no llegan a mi hábito todavía y que tal vez esperan ser elegidas entre la multitud. Marlboro con sabor a Ribeyro, Premier, Inca que los fumé en la soledad cuando salí a trabajar, El Che (con Carlos en el malecón), Romeo y Julieta que me regalo Silvia y me saben a rosas, Capri (siempre tan femenino), loa grotescos Camel, etc. Solo por nombrar algunas marcas.
Este recuerdo ha vuelto a mi cabeza no solo porque volví a ver aquella imagen de aquel personaje tan inspirador, sino que hace una semana desperté y me dolía el pecho y sentía un ligero cosquilleo al respirar. He tratado de convencerme de que es producto de este invierno tan crudo pero la mayoría de amigos me dicen que es poco probable.
Al fin y al cabo, fumar siempre me ha traído buenas y malas pasadas. Millares de cigarrillos han sido testigos de toma de decisiones fundamentales, han sido espectadores de conversaciones interminables y también han leído textos como este… ya que siempre que me han acompañado y nunca me han defraudado. Y como dice Melissa “¿Qué sería de la vida sin un cigarro?”.
Hace poco volví a ver el poster del “Che” Guevara: un hombre barbón, con la mirada en alto y un habano en la boca. Esa imagen la había visto cuando tenía seis años en la habitación de mi tío. Lo que más me llamaba la atención de esa imagen no era la frase de abajo (“El mejor entre los buenos”) sino ese objeto cilíndrico que colgaba de su boca.
Mi primer cigarrillo fue a los once años. Mamá había salido de viaje y papá trabajaba hasta tarde. Ese día invité a dos amigos a mi casa para hacer cualquier cosa, en realidad eso de prender un cigarro no se me había ocurrido, pero José fue quien llevo una cajetilla de Montana.
José trajo, junto a su cajetilla, dos amigas muy peculiares: Sandra y Roxana. Sandra, al igual que Roxana, era mayor que nosotros. Sin embargo, en la sala de mi casa, esas diferencias se perdían.
Entonces nos aventuramos a prender un cigarro, el arte de tragar y emanar humo de la boca. Esa tarde no solo fume mi primer cigarro, sino que también di mi primer beso. Sandra era una de esas chicas de piel clara, de sonrisa plena y una mirada muy tierna y seductora. Ella tenía trece años y ya cursaba el segundo de secundaria. Yo era un joven torpe y soñador, no sé si ese beso fue un éxtasis de romance o solo un impulso de un juego llamado “La botella borracha”.
Lo cierto es que esa tarde quedó grabada en mi memoria para siempre, no solo porque una muchacha mayor que yo me regalaba un beso, sino que mi primer cigarrillo también toco mis labios. En realidad fue una experiencia un tanto repugnante, me sentí mareado casi al instante, pero ese pequeño afán de sentirme mayor en frente de Sandra, que me veía exhalar el humo con mucha masculinidad, era muy fuerte.
Pensé que esa vez seria la ultima, sin embargo, tres años después la historia cambiaria mis expectativas.
Cuando llegué a tercero de secundaria empecé a rondar billares junto a mis amigos. Todos esperábamos ansiosos las salidas para huir por la avenida y caminar cuatro cuadras hacia ese sótano donde había varias mesas de billar. Dejábamos los bolsos de lado, nos remangábamos las camisas y empezábamos a jugar.
Un día de esos Paul se apareció con una cajetilla de Lucky Strike en las manos. Paul no iba al billar a jugar, como los demás, él solo nos acompañaba para conversar y matar sus tardes de soledad. Y entonces fue así como vi, en el borde de la mesa, un cigarro prendido, esperando ser tomado por alguno de nosotros. Y entonces lo tome con los dedos, lo llevè a mis labios y tragué el humo.
Después, ya en las fiestas y en las reuniones, siempre me aparecía con un cigarrillo en los dedos que, de eventualidad, me daba más seguridad al momento de hablar con mis amigas.
Cuando entré al cuarto de secundaria, a pesar de no tener el hábito de fumar muy seguido, fumaba de vez en cuando, camino al colegio, saliendo de clases, camino a ensayar con mi primera banda de rock.
Para esas épocas fumaba una marca que reconocí en uno de los cuentos magistrales de Ribeyro: los Pall Mall. Después de leer “Solo para fumadores” del mismo, me volví loco. Buscaba diferentes marcas y sabores para encontrar el tabaco perfecto, pero los Pall Mall ya me tenían amarrados a su sabor. Después de eso, no volví a leer nada interesante sobre el hábito de fumar.
Fueron los Pall Mall los que me llevaron a la gloria. Leía con un filtro entre los dedos cuando subía al techo de mi casa a buscar tranquilidad, fumaba cuando redactaba mis primeros ejercicios literarios, fumaba cuando Ingrid me desafiaba en una discusión sobre un libro o una banda o una canción. Sea lo que sea, fumaba para sentir esa seguridad de que las palabras fluyan y caigan por su propio peso.
Mi dosis era mínima ya que solo fumaba en esas ocasiones. Me compraba un paquete sólo para esos momentos y la cajetilla la tenía guardada hasta que vuelva a hacer lo mismo.
El siguiente verano me hice fiel compañero de Carlos, un fumador más experto en el asunto. Mi verano fue maravilloso, recorríamos el malecón fumando mientras me contaba sus anécdotas, sus secretos, mientras me presentaba a sus amigas y se unían al grupo. Probé distintas marcas con él y mi paladar se volvía más selecto para reconocer el tipo de tabaco que surcaba mi garganta.
Ya en quinto de secundaria, me di cuenta que no estaba solo en el mundo. Mis escritores preferidos, los grandiosos músicos que escuchaba, los genios que componían versos y canciones también gozaban del mismo hábito, lo cual me hacía sentir como un pez en el agua.
Creo que el vicio no es tan hereditario que digamos. Mamá fuma ocasionalmente, mi papá dejo de fumar cuando se dio cuenta que lo hacía por pura pose, mi hermana también dejo de fumar cuando entró a la iglesia y sólo uno de mis primos me hacia compañía afuera de las reuniones para acabarnos un asqueroso Hamilton que nos calmaba la ansiedad. A mi abuelo lo vi fumar la última vez que fui a su casa, y no es exactamente el tipo de fumador que pensé que podría ser. Pero la excepción, el punto aparte de la familia es mi tío Beto. Fumador empedernido, siempre (repito SIEMPRE) en las reuniones, manejando su camioneta, escuchando música, enseñándome a estacionar un auto, hablándome de sus viajes, lo he visto con una cajetilla en el bolsillo de su camisa y un cigarro entre dedos. Con los bigotes un poco marrones de tanto tabaco y los dientes medio amarillentos.
Era indispensable, ya instalado en la universidad, llegar a la facultad con un cigarro entre los dedos. Muchas veces, cuando tenía clases muy temprano, iba al cafetín y tomaba un café… desde ese momento la combinación de café mas tabaco se volvió la más completa y agradable de todas.
No solo fui (soy) un fumador, también inculqué el arte a mis amigos, amigos que nunca habían probado lo bien que se sentía caminar con un cilíndrico entre los dedos, llevárselo a la boca y sentir fluir el humo. Jorge fue una de las víctimas de este (no sé si mal o buen) hábito. Cuando salíamos con Melissa a caminar, Melissa y yo fumábamos cuando conversábamos y Jorge siempre nos miraba un tanto angustiado por la escena que presenciaba. Hasta que un día decidió hacerlo. Y ahora cada vez que nos reunimos a jugar poker, a celebrar una fiesta o solamente conversar… abre una cajetilla… saca un cigarro… coge el encendedor… y fuma.
Pero no solo él fue víctima de este vicio, varios nombres cruzan por mi cabeza cuando empiezo a redactar esta parte. Adriano, Anderson, Diego, Victor, Omar… el mismo Omar Utrilla Ramírez que era la excelencia en las clases de Realidad Nacional. Cuando salíamos a sentarnos al cafetín y debatir algún tema aprendido, me veía sacando un cigarrillo y él un poco ansioso me pedía uno y conversaba con más tranquilidad.
Otro caso aparte de los fumadores que conocí fue Christiam. A Christiam lo conocí cuando ya estaba en el segundo ciclo de la universidad, cuando ya la idea de estudiar literatura iba tomando forma y cuando había dejado los Winston de lado para reemplazarlos por los imponentes Lucky Strike. Todas nuestras conversaciones, mis ensayos con mi segunda banda de rock, mis partidos de poker en un salón de la universidad… todo fue acompañado de Christiam y sus infaltables Lucky Strike. Recuerdo que Christiam era un fiel consumista de esa marca, tanto que un día vi que colgaba un medallón en su cuello y le pedí que me lo mostrara, cuando leí lo que decía solo atine a reírme… decía “LUCKY STRIKE”.
Un día saliendo de la biblioteca, después de estudiar, me encontré con Susana y me vio fumando.
-Deberías de dejar de fumar- me dijo un tanto preocupada- te puede hacer mal.
Pero en realidad nunca me había preocupado por eso. Mis partidos de tennis seguían siendo buenos y reñidos, cuando jugaba futbol también… no sentía agitación rápida como ella me lo había descrito, por el contrario, siempre que jugaba futbol, o salía a correr me sentía mejor.
Pero ahí empezó mi preocupación. Para esas épocas Rosa también me hizo prometer que dejaría de fumar drásticamente o por lo menos que reduzca mi dosis de tabaco y sobre todo que no fume en frente de ella. A pesar de que rompí esa promesa dos veces, deje de fumar dos meses y medio, los cuales no fueron tan difíciles ya que salía con Rosa muy seguido y casi no pensaba en fumar.
Despues de esos dos meses y medio, cuando volví a coger un cigarro de los de Christiam, me dio un poco de nauseas, así que decidí cambiar de marca, una marca más suave. Fue así como conocí a los no tan milagrosos Kent cuyo sabor nunca me terminaron de convencer. Eran muy suaves, era como tragar aire puro y no sentía el sabor exacto del tabaco ya que a veces se confundía con los diferentes aromas regados por el ambiente.
Si Susana me dijo que el tabaquismo me llevaría a tener problemas, pues fue cierto. Un día saliendo de la facultad, prendí un cigarro y entonces vi una llama que no se apagaba, cuando miré lo que estaba haciendo, había prendido el cigarro por el lado equivocado. También me quemé, mas de una vez, las cejas, las pestañas e incluso un poco de cabello. Pero el problema más grande fue en una fiesta cuando me agache a recoger mi encendedor y Jazmín me quemó la frente con su cigarro ardiendo.
Decepcionado de los Kent, que no solo eran feos, sino que también me costaban los mismo que me costaba un paquete de Lucky Strike y pagar los mismo por algo peor no valía la pena. Así que tuve que volver al régimen de los Lucky Strike.
Obviamente he probado otras marcas que son buenas, pero de alguna manera no llegan a mi hábito todavía y que tal vez esperan ser elegidas entre la multitud. Marlboro con sabor a Ribeyro, Premier, Inca que los fumé en la soledad cuando salí a trabajar, El Che (con Carlos en el malecón), Romeo y Julieta que me regalo Silvia y me saben a rosas, Capri (siempre tan femenino), loa grotescos Camel, etc. Solo por nombrar algunas marcas.
Este recuerdo ha vuelto a mi cabeza no solo porque volví a ver aquella imagen de aquel personaje tan inspirador, sino que hace una semana desperté y me dolía el pecho y sentía un ligero cosquilleo al respirar. He tratado de convencerme de que es producto de este invierno tan crudo pero la mayoría de amigos me dicen que es poco probable.
Al fin y al cabo, fumar siempre me ha traído buenas y malas pasadas. Millares de cigarrillos han sido testigos de toma de decisiones fundamentales, han sido espectadores de conversaciones interminables y también han leído textos como este… ya que siempre que me han acompañado y nunca me han defraudado. Y como dice Melissa “¿Qué sería de la vida sin un cigarro?”.
abril 18, 2009
Perdidos entre la gente
Perdidos entre la gente
y embriagados de locura
rocé tus labios sin pensarlo tantas veces
y ahí empezó mi tortura.
No hubo tiempo que se detuvo,
las cosas seguían iguales.
Ningún loco se entretuvo
con nuestras pasiones carnales.
Luego todo volvió a la normalidad,
nada fue diferente...
yo buscando tu mano en la oscuridad
tu jugando a ser la indiferente...
y embriagados de locura
rocé tus labios sin pensarlo tantas veces
y ahí empezó mi tortura.
No hubo tiempo que se detuvo,
las cosas seguían iguales.
Ningún loco se entretuvo
con nuestras pasiones carnales.
Luego todo volvió a la normalidad,
nada fue diferente...
yo buscando tu mano en la oscuridad
tu jugando a ser la indiferente...
abril 11, 2009
Saca tu tus propias conclusiones
Con el pasar de los años
nos hicimos mas que amigos,
también nos haciamos daño
tanto tu a mi, como yo contigo.
Pasamos lunas en el parque
deteriorados entre drogas y palabras.
El sol salia tarde,
tu decias -te amo- yo decia nada
Que no me engañe mi memoria-
Entre marihuana, alcohol y explosiones,
esta noche salgo a repetir nuestra historia
saca tu tus propias conclusiones.
marzo 21, 2009
Feliz Año Nuevo
[A Christiam, que él mejor que nadie sabe que "el mundo sin arte es inhumano" ]
-No, aún no sé si voy a salir- ya deja de joder que quiero dormir ¿Todas las hermana son así?, ¿O la mía es un caso especial? ¡Carajo! ya no puedo dormir, ya me malogro el sueño, mejor voy a la cocina y busco algo de comer.
Espero que Christiam tenga un buen plan para esta noche porque sinceramente el tono que organiza la enamorada de Carlos no me convence. También he pensado quedarme en casa, puedo escribir, en mi blog, lo mal que pasaría este año nuevo (que también espero que traiga algo nuevo). Pero definitivamente un par de cervezas y con amigos – o por defecto, amigas-no estaría nada mal. Bueno, eso ya lo veré luego.
-¿Por qué te levantas tan tarde?- esto no tiene remedio, tiene que ser herencia familiar ¿O acaso todas las mujeres molestan los 31 de diciembre?
-Mamá, hoy no tengo ganas de pelear- solo son las once de la mañana ¿Para qué más temprano? Así que lo siento viejita, pero estas hamburguesas se ven buenazas y mejor me voy apurando que mi programa ya va a empezar.
¿Y ahora qué quiere Andrés? ¿Acaso no es suficiente con decirle que NO quiero pasar el año nuevo con él? Debería comprarse un poco de dignidad en la tienda del suicidio… ¡APURATE! (imbécil) que mi programa no termina.
-----
Parece que tengo que hacerle caso a mi mamá, de ahí se amarga y no me deja salir.
-LUUUIIIIISSS… ¡TE LLAMAAAN!- ¿Por qué grita?, ¿Quién me llama? Si es Andrés lo mando a rodar por no tener orgullo.
Si Paul soy yo. No, no sé que voy a hacer, ¿No la vas a pasar con tu flaca? ¿No que la querías mucho? (no me vengas con que vamos a ahogar las penas, no quiero aguantar lagrimas). ¿San Bartolo? , ¡Recién me avisas! No, no creo que me den permiso (ya puedes colgar). No Paul, no creo que me den permiso (ya puedes colgar). No Paul, no creo que me den permiso, me has avisado muy tarde (ya puedes colgar). Bueno Paul, me llamas mas tarde (te cagaste porque ahora yo cuelgo).
Vaya, parece que los planes entran muy tarde, será mejor que me conecte a ver si la gente tiene algún plan por ahí ¿Por qué mi vida se vuelve cada día más aburrida? A lo mejor ya me llego la vejes prematura, los pocos amigos que tengo se acuerdan de vez en cuando de que un tal “chino” existe. Debería llamarlos y animarlos para algún plan en la noche, no sé, tomar en la barra, morir en algún parque, una de esas reuniones en la casa del “gordo” o tal vez andar tirados en una esquina tomando y conversando de algo.
-----
Sabía que se me ocurriría alguna buena idea. Christiam está dispuesto a hacer lo que quiera por año nuevo, Andrea tiene un par de tonos por ahí y yo tengo otro par por ahí, entonces se me ocurrió juntar todas esas puerta abiertas a la perdición armando una suerte de TOUR “año nuevo 2009” paseándonos de tono en tono y que las doce nos agarre en cualquier fiesta donde caigamos.
Nada puede salir mal
¿Y esta carta de donde salió?, hace tiempo que no revisaba este cajón… estas son todas las cartas que ella me escribió.
Fui un idiota.
-----
7:39 p.m. No entiendo por qué la dejé ir, si todo parecía ir bien. Debí pensar un poco más en ella, mi egoísmo nunca me va a dejar vivir en paz, sin embargo ella parecía entenderme demasiado, me miraba con toda la ternura del mundo y me besaba. No luché por ella ni un segundo, dejé que todo se vaya, tal vez es así como tomo mi vida… a la deriva de la suerte.
Ya basta de tonteras, no puedes arruinar tu noche, Christiam llegara en un par de horas, mejor me sigo cambiando y esperar que empiece todo para olvidar este año que solo trajo constantes desencuentros conmigo mismo.
-----
Instalados en una esquina y tirados en la acera, empezamos con las llamadas para ver qué cosas podemos comprar para la jarana; whisky, ron, pisco… ¿cerveza?... o nuestra basta y muy cómoda presencia.
Parece que Christiam está más emocionado, gasta saldo como loco y yo me resigno a seguir fumando en el pavimento.
-¡Listo!, vamos yendo a la casa de tu amiga- Tranquilo pelucón, que la noche puede ser peor de lo que promete.
Ahí estamos, dos locos fumando y perdiéndonos por las calles, riendo, hablando. Mirando la noche y llamando a Andrés para decirle que no me joda más.
¿Por qué no pasa ningún taxi? Seguro todos están celebrando… claro si son las 10:30 todo el mundo están chupando champagne o vino y nosotros sufrimos buscando algún amable taxi.
-¿Cómo vamos a caminar?...- Este pelucón cada día esta mas rayado – pero un par de cuadras noma.
-----
Ese taxista ya nos había aburrido con su cátedra de cómo manejar en año nuevo, suerte que ya estamos llegando a la casa de Violeta… espero que todo salga bien.
-----
¡Vaya! este vaso de ron, vodka y gaseosa estuvo demasiado fuerte, pero por suerte voy ganando en Black Jack (lástima que no estamos apostando nada).
Parece que los planes en esta reunión murieron muy rápido. Violeta ha cancelado todo y nos habla de una fiesta frente al San Silvestre.
-Violeta, te cuento un chiste- Digo un poco mareado de tanto ron y/o vodka.
No les cuesta nada reírse… ¿Por qué seré tan malo contando chistes? Mejor vemos la hora.
Todavía falta mucho para año nuevo, ahora que ya llego Carlos me acabo de acordar del anterior año nuevo, lleno de sorpresas, risas…besos.
-¡YA SON LAS DOCEE!- Grita la mamá de Violeta. Tranquila señora, estoy muy ocupado en una partida de Black Jack… ¡Qué asco sabe este champagne! Y ahora todos quieren abrazarse MALDITA SEA.
Violeta me dijo que tenía que convencer a su enamorado de ir a esa fiesta ¿Cómo convencerlo si ni a mí me da la gana de ir? Pero igual empieza mi fluidez verbal (con un poco de alcohol en la cabeza) y le pinto estrellas a Carlos.
-Violeta, yo ahorita voy con mi pata- Así que dame ese ron y la Coca-cola que queremos chupar como verdaderos hombres.
¿Por qué me mira así? No es mi problema que todos le hayan tirado arroz a su tono, aparte Andrea nos llama… esa fiesta si parece buena, con la voz que nos dijo: “No pierdan tiempo en venir” Parecía que esa fiesta estaba realmente brava.
-----
-¿Nos sentamos ahí?
-¡Claro!- Claro pelucón contigo donde sea.
Sirve bien que no quiero terminar mal, Andrea nos dijo a las 2 y ya es la 1 y tantos ¿Qué hora es? Ahora empieza (de nuevo) a gastar su saldo llamando a quien sea, ¿Será que ya esta borracho? Parece porque esta rojo y habla fuerte y riéndose de cualquier cosa.
-Si ya llamamos a todos- No te obsesiones mucho ¿A quién más vas a llamar?
Bueno loquito toma noma porque yo solito no me voy a seguir bajando ese ron.
-Llamemos a Silvia…- El está loco.
-No, aún no sé si voy a salir- ya deja de joder que quiero dormir ¿Todas las hermana son así?, ¿O la mía es un caso especial? ¡Carajo! ya no puedo dormir, ya me malogro el sueño, mejor voy a la cocina y busco algo de comer.
Espero que Christiam tenga un buen plan para esta noche porque sinceramente el tono que organiza la enamorada de Carlos no me convence. También he pensado quedarme en casa, puedo escribir, en mi blog, lo mal que pasaría este año nuevo (que también espero que traiga algo nuevo). Pero definitivamente un par de cervezas y con amigos – o por defecto, amigas-no estaría nada mal. Bueno, eso ya lo veré luego.
-¿Por qué te levantas tan tarde?- esto no tiene remedio, tiene que ser herencia familiar ¿O acaso todas las mujeres molestan los 31 de diciembre?
-Mamá, hoy no tengo ganas de pelear- solo son las once de la mañana ¿Para qué más temprano? Así que lo siento viejita, pero estas hamburguesas se ven buenazas y mejor me voy apurando que mi programa ya va a empezar.
¿Y ahora qué quiere Andrés? ¿Acaso no es suficiente con decirle que NO quiero pasar el año nuevo con él? Debería comprarse un poco de dignidad en la tienda del suicidio… ¡APURATE! (imbécil) que mi programa no termina.
-----
Parece que tengo que hacerle caso a mi mamá, de ahí se amarga y no me deja salir.
-LUUUIIIIISSS… ¡TE LLAMAAAN!- ¿Por qué grita?, ¿Quién me llama? Si es Andrés lo mando a rodar por no tener orgullo.
Si Paul soy yo. No, no sé que voy a hacer, ¿No la vas a pasar con tu flaca? ¿No que la querías mucho? (no me vengas con que vamos a ahogar las penas, no quiero aguantar lagrimas). ¿San Bartolo? , ¡Recién me avisas! No, no creo que me den permiso (ya puedes colgar). No Paul, no creo que me den permiso (ya puedes colgar). No Paul, no creo que me den permiso, me has avisado muy tarde (ya puedes colgar). Bueno Paul, me llamas mas tarde (te cagaste porque ahora yo cuelgo).
Vaya, parece que los planes entran muy tarde, será mejor que me conecte a ver si la gente tiene algún plan por ahí ¿Por qué mi vida se vuelve cada día más aburrida? A lo mejor ya me llego la vejes prematura, los pocos amigos que tengo se acuerdan de vez en cuando de que un tal “chino” existe. Debería llamarlos y animarlos para algún plan en la noche, no sé, tomar en la barra, morir en algún parque, una de esas reuniones en la casa del “gordo” o tal vez andar tirados en una esquina tomando y conversando de algo.
-----
Sabía que se me ocurriría alguna buena idea. Christiam está dispuesto a hacer lo que quiera por año nuevo, Andrea tiene un par de tonos por ahí y yo tengo otro par por ahí, entonces se me ocurrió juntar todas esas puerta abiertas a la perdición armando una suerte de TOUR “año nuevo 2009” paseándonos de tono en tono y que las doce nos agarre en cualquier fiesta donde caigamos.
Nada puede salir mal
¿Y esta carta de donde salió?, hace tiempo que no revisaba este cajón… estas son todas las cartas que ella me escribió.
Fui un idiota.
-----
7:39 p.m. No entiendo por qué la dejé ir, si todo parecía ir bien. Debí pensar un poco más en ella, mi egoísmo nunca me va a dejar vivir en paz, sin embargo ella parecía entenderme demasiado, me miraba con toda la ternura del mundo y me besaba. No luché por ella ni un segundo, dejé que todo se vaya, tal vez es así como tomo mi vida… a la deriva de la suerte.
Ya basta de tonteras, no puedes arruinar tu noche, Christiam llegara en un par de horas, mejor me sigo cambiando y esperar que empiece todo para olvidar este año que solo trajo constantes desencuentros conmigo mismo.
-----
Instalados en una esquina y tirados en la acera, empezamos con las llamadas para ver qué cosas podemos comprar para la jarana; whisky, ron, pisco… ¿cerveza?... o nuestra basta y muy cómoda presencia.
Parece que Christiam está más emocionado, gasta saldo como loco y yo me resigno a seguir fumando en el pavimento.
-¡Listo!, vamos yendo a la casa de tu amiga- Tranquilo pelucón, que la noche puede ser peor de lo que promete.
Ahí estamos, dos locos fumando y perdiéndonos por las calles, riendo, hablando. Mirando la noche y llamando a Andrés para decirle que no me joda más.
¿Por qué no pasa ningún taxi? Seguro todos están celebrando… claro si son las 10:30 todo el mundo están chupando champagne o vino y nosotros sufrimos buscando algún amable taxi.
-¿Cómo vamos a caminar?...- Este pelucón cada día esta mas rayado – pero un par de cuadras noma.
-----
Ese taxista ya nos había aburrido con su cátedra de cómo manejar en año nuevo, suerte que ya estamos llegando a la casa de Violeta… espero que todo salga bien.
-----
¡Vaya! este vaso de ron, vodka y gaseosa estuvo demasiado fuerte, pero por suerte voy ganando en Black Jack (lástima que no estamos apostando nada).
Parece que los planes en esta reunión murieron muy rápido. Violeta ha cancelado todo y nos habla de una fiesta frente al San Silvestre.
-Violeta, te cuento un chiste- Digo un poco mareado de tanto ron y/o vodka.
No les cuesta nada reírse… ¿Por qué seré tan malo contando chistes? Mejor vemos la hora.
Todavía falta mucho para año nuevo, ahora que ya llego Carlos me acabo de acordar del anterior año nuevo, lleno de sorpresas, risas…besos.
-¡YA SON LAS DOCEE!- Grita la mamá de Violeta. Tranquila señora, estoy muy ocupado en una partida de Black Jack… ¡Qué asco sabe este champagne! Y ahora todos quieren abrazarse MALDITA SEA.
Violeta me dijo que tenía que convencer a su enamorado de ir a esa fiesta ¿Cómo convencerlo si ni a mí me da la gana de ir? Pero igual empieza mi fluidez verbal (con un poco de alcohol en la cabeza) y le pinto estrellas a Carlos.
-Violeta, yo ahorita voy con mi pata- Así que dame ese ron y la Coca-cola que queremos chupar como verdaderos hombres.
¿Por qué me mira así? No es mi problema que todos le hayan tirado arroz a su tono, aparte Andrea nos llama… esa fiesta si parece buena, con la voz que nos dijo: “No pierdan tiempo en venir” Parecía que esa fiesta estaba realmente brava.
-----
-¿Nos sentamos ahí?
-¡Claro!- Claro pelucón contigo donde sea.
Sirve bien que no quiero terminar mal, Andrea nos dijo a las 2 y ya es la 1 y tantos ¿Qué hora es? Ahora empieza (de nuevo) a gastar su saldo llamando a quien sea, ¿Será que ya esta borracho? Parece porque esta rojo y habla fuerte y riéndose de cualquier cosa.
-Si ya llamamos a todos- No te obsesiones mucho ¿A quién más vas a llamar?
Bueno loquito toma noma porque yo solito no me voy a seguir bajando ese ron.
-Llamemos a Silvia…- El está loco.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)