(Entro a trabajar, es una tarde tranquila, por lo general siempre siento tensión cuando tengo que marcar mi hora de entrada, saludar a todo el mundo y empezar con mis labores diarios. Entonces me fijo que solo está Abel y me acerco a saludarlo… empezamos con la rutina… Y entonces empiezo a hablar)
Por aquí vive mi ex enamorada, no quiero imaginar lo que sucederá si en algún momento nos encontramos… Sí, sería un desastre… ¿Te conté que todo terminó mal? En el fondo yo fui el único culpable… Te contaré esa relación que fue muy intensa, en ambos sentidos claro, había mucho sentimiento y muchos quilates de amor puro, pero también nos peleábamos a cada rato… Obviamente es escorpio, pero siempre he tratado de recordar esa relación con todo lo bueno… Pero también hubo demasiado cosas malas…
Fue el verano del 2007, yo entraba a mi último año de la secundaria, ya había escuchado el álbum “enemigos íntimos”, había leído las novelas de Herman Hesse, me interesaba mucho el arte y la literatura sobre todo, ese verano compartía mi tiempo con Carlos, un fiel mal amigo, nos íbamos al malecón a fumar, a conversar - Sin que sepa mi enamorada de ese entonces, claro - y vivía arrepentido de una cosa que no hice el año anterior… No haber buscado el correo de una chica que conocí en primero de secundaria. Se llama Eliana, hace mucho que no sé de ella, siempre que veo a Carlos le pregunto si sabe algo de ella, siempre me dice lo mismo el desgraciado: “Está bien” y yo le creo.
La primera vez que la vi fue en el colegio, se sentaba al fondo con cara de aburrida - Yo la miraba con el reflejo del reloj que me regalo mi papá. Creo que lo perdí después de una semana – No sé después de cuanto tiempo se sentó delante mío, podía oler su cabello, podía escucharla hablar y podía pedirle prestado un lapicero para que por lo menos sepa de mi existencia. Después dimos un examen… Sí, esos que separan a lo brutos de los inteligentes… Sí, sí, ella paso y yo me quedé, lógicamente… Y de ahí no supe más de ella.
No, no creas que ahí acaba la historia. ¿A que venía eso del verano del 2007? Pues que ese mismo verano Carlos me dio su correo y volvimos a hablar. No me reconocía por mas detalles que le daba – Me sabía cada detalle a la perfección – Pero no logró reconocerme. Fue como dos meses que le hablaba como un idiota y ella me respondía sin saber quien era. ¿Quieres oír algo gracioso? Un día, en esos en los cuales no se acordaba de mi, le pedí su número y a los pocos días la llame, ¡Imagínate! Ella pudo creer que yo era un pervertido – bueno tampoco se equivocaría – le dije “¿Aló? Eliana, soy yo, Luis”… y ella “¿Luis?...” “Sí, sí… Luis Omar… el del correo”… “¡Ah!.. Hola”… “¿Ya te acordaste de mi?”… “No”… “A ya… ¿Hoy te conectas?”… “Sí”… “¿A qué hora?”… “A la misma hora de siempre”… “A ya, ¿de verdad no te acuerdas de mi?”… No puedo creer que haya sido tan estúpido ¡ELLA NO ME CONOCIA!
Un día instale mi webcam y por fin pudo saber quien era y ya después con el tiempo pase a recogerla a su colegio – Tampoco sabia que decirle… ERAMOS DOS DESCONOCIDOS – pero con el tiempo conversábamos más y más.
Después de siete u ocho meses de largas conversaciones por internet, varias veces que fui a recogerla y tantas tonterías (de las cuales yo andaba enamorado) le dije que sea mi enamorada… Me dijo que no… Mentira, me dijo que sí.
No sabes lo que viví con ella, éramos dos jóvenes que se enamoraron como nadie puede enamorarse en este mundo. Como diría mi querido Fito Páez “Miren todos, ellos solos, pueden más que el amor, y son mas fuertes que el Olimpo” no recuerdo si es “fuertes” o “Grandes”… El rollo es que como nosotros NINGUNA RELACION… llegaba tarde a mi casa por conversar con ella, por besarla y abrazarla… Recuerdo que cuando me dijo que sí quería ser mi enamorada – Siguiendo con el protocolo de toda declaración – Venía el beso – Nuestro primer beso – Pero ella volteó el rostro y yo me quedé como un estúpido besando su mejilla. Meses después me confesaría que se moría de vergüenza… ¿Quién no? Si le dije que fuera mi enamorada en una avenida grande, donde todo el mundo estaba al acecho.
¡Hay, viejo!... ¡Qué jodido es recordar!... Aún conservo la única carta que me escribió y también algunas canciones que nunca faltan en mi MP3. Hace mucho escuché que en la vida existen dos tipos de mujeres: “La mejor” y “la inolvidable”… Pero no necesariamente la mejor es la última y la primera es la inolvidable. Bueno en mi caso no es así… La mejor (y con mucha pena para mi última ex enamorada, que no ocupa ninguno de los dos lugares) Es ella.
Llegó el verano del 2008, con eso la libertad del colegio. Ingresé a la universidad, tenía una novia muy guapa, que se hizo querer por toda la familia, salía con ella muy seguido, hablábamos por teléfono hasta tarde… Todo estaba muy tranquilo. Una de las cosas que nunca voy a olvidar fue el año nuevo del 2008. Ella iba a pasarlo con su familia y yo con mis amigos… No, no, no ,no, yo a esa mujer siempre le fui fiel, ella era un poco celosa – Yo me tragaba todos mis celos – Y motivos nunca le faltaron, porque yo era mucho de estar en la calle y con mis amigos y amigas – Que algunas eran muy cariñosas – pero a pesar de que pude haber hecho miles de estupideces, siempre le fui muy fiel a esa mujercita. Me está dando mucha pena ¿Sabes?... No quiero ponerme triste hoy que es sábado y en la noche tengo que salir.
Bueno, ¿En qué estaba?... ¡Claro! En ese año nuevo. Entonces salí con Carlos – No vayas a creer que éramos gays – siempre andaba con él, sabía escucharme… Así como tu, viejo. Bueno no hagas que te abrace, mejor continúo. Entonces salí con Carlos ¿Ya lo dije no?... Primero fuimos por una hamburguesa, luego compramos un arsenal de pirotecnia que me salió un ojo de la cara, luego compramos cervezas y de alguna manera terminamos en la casa de la amiga de una amiga, tomando y viendo como Carlos se aprovechaba de la situación etílica de las chicas. Yo cada quince minutos me iba a un costadito a llamarla y decirle lo mucho que las estaba extrañando y lo mucho que la amaba. Entonces en una de las tantas llamadas de esa noche me dijo “Voy a tu casa”… Y sin que me diera muchas explicaciones de cómo consiguió el permiso y después de jalarlo a Carlos de su polo hasta la puerta, fuimos a recoger a ella y a sus amigas. Estaba muy guapa, con su melenita – Porque tiene el cabello muy largo, déjame decirte- y sonriente y corriendo a abrazarme y besarme.
Fuimos a mi casa, no sentamos y conversamos, luego llegó mi hermana con su enamorado y sacamos unas cervezas y después de conversar y sin saber que hacer… Vimos una película, todos se aburrieron, menos nosotros porque estábamos de la mano y besándonos cada tanto. No se si esta bien lo que hice, pero esa misma noche le di la mala noticia, le dije que me iría a trabajar fuera de Lima, a la tienda de mi tío. Le dije que sería una semana después y esa noche, salimos de mi sala y nos abrazamos con mucha fuerza.
Esa semana la aprovechamos a tiempo completo, le enseñe a jugar billar, ya que en los veranos – Obviemos este – Mi único hogar es el billar. Salimos con Carlos y con Mili a Miraflores y muchas cosas que las tengo intactas en mi memoria… En nuestra memoria.
Fue a despedirme para mi viaje, la llamé muy seguido cuando estuve de viaje… Claro, claro, salí con mis primos en ese viaje y algunas veces salíamos, pero recuerda, viejo, a lado de ella no existe mujer que me haga pecar.
De regreso le traje algunos regalos a ella y a su hermana, porque fue su cumpleaños y todo volvió a ser como antes. ¡Ah! Quiero contarte algo, antes del viaje… Antes de que termine el 2007… Yo sembré un pino. Vi como fue creciendo y para mi viaje le pedí a ella que me lo cuidara… Nunca más supe de mi pino, le puse de nombre “minguito” por la novela de Vasconcelos “Mi planta naranja-Lima”… También tiene una novela mía, eso fue una de las cosas que hasta ahora hacen que me arrodille y me dé cabezazos contra el suelo ¡DEBÏ DE HABERSELA PEDIDO!
Me dijo, un día, que ya no la miraba como antes, que yo había cambiado mucho… Yo pensé que quería terminar conmigo, viejo, esto pocas veces se lo he dicho a la gente, pero estuve a punto de llorar diciéndole “Dime qué puedo hacer para que todo vaya mejor”… No se lo vayas a decir a nadie.
Ya había entrado a la universidad y también llego mi cumpleaños, la pase a su lado tomando café. Sinceramente, a mi no me gusta celebrar mi cumpleaños, LO DETESTO y ese año no fue la excepción, no fue el mejor cumpleaños de mi vida, pero estaba ella a mi costado y eso era suficiente.
Ambos solíamos repetir la frase de una canción de Mar de copas “¿Cuánto dura ser feliz?”… pues he encontrado la respuesta. Todos los meses que pasé a su lado… Eso fue amor y lo demás son tonterías.
Terminamos mal, muy mal… Mi error fue enterarme de que existe la libertad, de que se puede vivir a tope, pero el precio de esa libertad, el precio de esa manera de vivir… era la soledad. ¿Suena a estupidez no?... Yo también lo creo, pero en esas épocas llegue a creer en eso. También hubo una chica, pero en realidad ella no fue el detonante, aunque Eliana siempre lo vio así. Claro, también cometí el error de ser enamorado de esa otra chica, no error… Bueno error en la medida en que no me quiero imaginar el calvario que vivió ella en esos momentos.
Yo también pienso lo mismo, fue una estupidez muy grande hacer tremenda barbaridad. Por lo menos debí dejar que pase un poco de tiempo. Pero déjame decirte que yo tengo una idea muy grande de “vivir el ahora”… Y eso me ganó.
No sé si volvería con ella, la pregunta sería ¿Ella volvería conmigo? … No vayas a buscarla y preguntarle eso, que te puede matar, ¿Ya te dije que es escorpio?... Me llevo lo mejor de esa relación, diga lo que diga la gente, sus amigas, mis amigos, mis familiares (fue muy querida por ellos) y todos los que vieron esa relación que fue mucho amor. Quiero que sepas que he mentido a todo el mundo diciendo que nuestra relación duró ocho meses, todo término faltando cuatro días para cumplir siente meses. Pero también quiero engañarme y darle más tiempo a mi memoria, a mi nostalgia de saber que en algún momento… Ella y yo, de espaldas con el mundo, escapando de nuestras vidas, nos juntábamos y éramos uno solo. Hasta ahora no sé que pensar de lo que es el amor… Si me preguntan que es el amor… Digo su nombre.
No vayas a contarle esto a nadie… Es un pacto entre tú y yo.
(Abel es sordo mudo y sé que nunca sabrá lo que le he contado… pero pudo ver mi rostro en cada expresión cuando hablaba, cuando me emocionaba, cuando me ponía nostálgico... Un poco triste y volvía mi mirada con ironía… a veces es bueno recordar… sobre todo, historias como aquellas.)
"...Y mis mentiras son batallas inventadas para ganar mis propias guerras." - La Madera del Alma - Gianmarco
enero 31, 2010
diciembre 12, 2009
El reencuentro eclesiástico
-Hueles a cigarro –me dijo cuando la salude. Estaba más guapa que de costumbre, hacia mucho que no la veía ¿Una año? Quizá dos, pero no podía negar que estaba más bonita que antes, cuando recién la conocí.
No sabía que hacía ahí, había pasado mucho tiempo sin que yo participara en algo de la iglesia, pero mi hermana me dijo que la ayudara a envolver regalos para la campaña de navidad.
Nunca me sentí identificado con la iglesia, incluso cuando formaba parte de ella, siempre sentía un “deber”, nada me nacía, todo lo hacía porque lo tenía que hacer. Quizá por eso me fui, obviamente volví por un tiempo, pero fue peor que el inicio, así que hui por segunda vez y esa iba a ser la definitiva.
Lo único bueno de la iglesia fue Jessica (que ahora estaba muy diferente). La conocí en una campaña de navidad tres años atrás. Para esa época ambos estábamos en el colegio, teníamos la misma edad y siempre nos cruzábamos en los diferentes eventos de la iglesia. Tenía el cabello oscuro, de piel clara, de ojos brillantes y una mirada que solo causaba ternura. Yo por el contrario, estaba en el hoyo.
Hablábamos mucho desde que me envolví en el rollo eclesiástico, hablábamos mucho de nosotros, de mis relaciones, de sus relaciones, de mis amigos, de sus amigos, de mis anécdotas, de sus anécdotas… nunca nos falto un tema. Muchas veces pasaba a recogerla a su casa para ir a misa, para ir al rosario, para hablar toda la noche juntos.
Y ahora estaba ahí, criticando el perfume del tabaco que despedía mi polo.
-¿Haz fumado? – me preguntó mirándome como esas veces.
-Un poco.
-No deberías hacerlo, hace mucho daño…
Y mientras me resondraba me perdía en sus ojos. “Si tan solo no estuviera en la iglesia” pensaba de una manera energúmena.
Nos pusimos a envolver regalos, hablamos mucho, pero eran tonteras a comparación de nuestra camaradería de antes. Me hablaba de que su vocación estaba en duda, cosa que en ese momento no entendí y yo metí mi nariz diciéndole que yo también dude de mi vocación hacia ya un año, cuando era estudiante de Finanzas en ESAN, dudaba de esa vocación porque dedicaba más de ocho horas a leer y a escribir, huía de clases, iba a un barcito que quedaba por la universidad Católica y que, obviamente, lo único que quería era ser estudiante de literatura en la San Marcos.
-No Luis, no me estas entendiendo. Estoy en duda, no sé si ser monja.
Me quedé paralizado, dejé por un momento de envolver. Pero ella seguía igual, envolviendo, sin darse cuenta de mi reacción.
-Lo he pensado mucho, pero no se qué hacer con mi vida. Me va bien en la universidad, pero siento que esto no me llena por completo.
Volví a empacar el regalo, no opinaba mucho ¿Dónde diablos estaba la Jessica de antes? La que obviamente sabía que quería tener hijitas y ser una mama a tiempo completo y mimar a su marido como nunca lo hizo con otra persona ¿Dónde está esa Jessica? Que lo único que quería era ser profesional y casarse de blanco.
-¿Tu qué opinas? –Me dijo de golpe, clavándome esa mirada tan dulce de siempre.
-No sé –Obvio que no sabía, si cuando estaba en la iglesia ella era la única, con la que me casaría, con la que tendría una familia feliz.
Me reí y le dije que se tranquilizara, que hay tiempo. Y le cambie de tema.
Me empezó a preguntar por mí, sobre mi vida, mis relaciones recientes, ¿Qué opinaba de la vida?...
-Dime Luis ¿Todavía quieres ser escritor? –Creo que ella era la única chica a la que le había dicho que quería ser un escritor profesional, en una reunión.
-No sé, ya no escribo como antes. Ya no leo como antes. Nunca tuve el talento flaca… nunca lo tuve.
Recuerdo que una vez nos quedamos mirándonos en la puerta de su casa, estábamos a punto de besarnos, ganas no nos faltaban, incluso ella me estaba cogiendo de mi mano. Pero nuestros principios capellanes hicieron que nos despidiéramos rápidos y que le pida mil disculpas.
Cuando ya era tarde, todos se estaban yendo del Centro Pastoral (una suerte de casa que acoge a todos lo que están interesados en ser miembros de la iglesia… que raro que me acogieron a mí).
-¿Nos vamos?
Si esa frase viniera de una chica normal, de alguna chica que no está involucrada en la iglesia, la hubiera cogido de la mano y la hubiera acercado a mi boca hasta sentir apretados nuestros labios. Pero asentí con la cabeza y le dije: “Vámonos”
Caminamos un par de cuadras juntas, ella me seguía preguntando sobre mí, yo respondía y trataba de no chocar contra sus creencias que alguna vez también fueron mías.
-Bueno, me tengo que ir. Cuídate –Me beso la mejilla y agrego –Estas muy diferentes, no eres el de antes. ¿Desde cuándo eres tan pesimista? ¿Dónde diablos esta el Luis que conocí hace tres años? Tienes una cajetilla grande en el bolsillo y te apuesto que solo quedan pocos cigarrillos, apuesto a que bebes todos los fines de semana ¿Qué tienes Luis? Ya no miras las cosas como antes. Tú me enseñaste a ver las cosas por el lado bueno. Con un par de preguntas me bastaron para darme cuenta que estas en el hoyo, que estas tocando fondo. No es nada físico… pero emocionalmente estas muriendo. Llegaraáun momento donde no aguantarás más.
-Lo siento Jessica. Adiós.
Me fui y volví a prender un cigarrillo, aturdido, pensando en cada palabra que me dijo ella.
Cuando boté todo el humo de mi boca, volteé a ver si ella estaba ahí.
Y me estaba mirando desde hacía un buen rato.
No sabía que hacía ahí, había pasado mucho tiempo sin que yo participara en algo de la iglesia, pero mi hermana me dijo que la ayudara a envolver regalos para la campaña de navidad.
Nunca me sentí identificado con la iglesia, incluso cuando formaba parte de ella, siempre sentía un “deber”, nada me nacía, todo lo hacía porque lo tenía que hacer. Quizá por eso me fui, obviamente volví por un tiempo, pero fue peor que el inicio, así que hui por segunda vez y esa iba a ser la definitiva.
Lo único bueno de la iglesia fue Jessica (que ahora estaba muy diferente). La conocí en una campaña de navidad tres años atrás. Para esa época ambos estábamos en el colegio, teníamos la misma edad y siempre nos cruzábamos en los diferentes eventos de la iglesia. Tenía el cabello oscuro, de piel clara, de ojos brillantes y una mirada que solo causaba ternura. Yo por el contrario, estaba en el hoyo.
Hablábamos mucho desde que me envolví en el rollo eclesiástico, hablábamos mucho de nosotros, de mis relaciones, de sus relaciones, de mis amigos, de sus amigos, de mis anécdotas, de sus anécdotas… nunca nos falto un tema. Muchas veces pasaba a recogerla a su casa para ir a misa, para ir al rosario, para hablar toda la noche juntos.
Y ahora estaba ahí, criticando el perfume del tabaco que despedía mi polo.
-¿Haz fumado? – me preguntó mirándome como esas veces.
-Un poco.
-No deberías hacerlo, hace mucho daño…
Y mientras me resondraba me perdía en sus ojos. “Si tan solo no estuviera en la iglesia” pensaba de una manera energúmena.
Nos pusimos a envolver regalos, hablamos mucho, pero eran tonteras a comparación de nuestra camaradería de antes. Me hablaba de que su vocación estaba en duda, cosa que en ese momento no entendí y yo metí mi nariz diciéndole que yo también dude de mi vocación hacia ya un año, cuando era estudiante de Finanzas en ESAN, dudaba de esa vocación porque dedicaba más de ocho horas a leer y a escribir, huía de clases, iba a un barcito que quedaba por la universidad Católica y que, obviamente, lo único que quería era ser estudiante de literatura en la San Marcos.
-No Luis, no me estas entendiendo. Estoy en duda, no sé si ser monja.
Me quedé paralizado, dejé por un momento de envolver. Pero ella seguía igual, envolviendo, sin darse cuenta de mi reacción.
-Lo he pensado mucho, pero no se qué hacer con mi vida. Me va bien en la universidad, pero siento que esto no me llena por completo.
Volví a empacar el regalo, no opinaba mucho ¿Dónde diablos estaba la Jessica de antes? La que obviamente sabía que quería tener hijitas y ser una mama a tiempo completo y mimar a su marido como nunca lo hizo con otra persona ¿Dónde está esa Jessica? Que lo único que quería era ser profesional y casarse de blanco.
-¿Tu qué opinas? –Me dijo de golpe, clavándome esa mirada tan dulce de siempre.
-No sé –Obvio que no sabía, si cuando estaba en la iglesia ella era la única, con la que me casaría, con la que tendría una familia feliz.
Me reí y le dije que se tranquilizara, que hay tiempo. Y le cambie de tema.
Me empezó a preguntar por mí, sobre mi vida, mis relaciones recientes, ¿Qué opinaba de la vida?...
-Dime Luis ¿Todavía quieres ser escritor? –Creo que ella era la única chica a la que le había dicho que quería ser un escritor profesional, en una reunión.
-No sé, ya no escribo como antes. Ya no leo como antes. Nunca tuve el talento flaca… nunca lo tuve.
Recuerdo que una vez nos quedamos mirándonos en la puerta de su casa, estábamos a punto de besarnos, ganas no nos faltaban, incluso ella me estaba cogiendo de mi mano. Pero nuestros principios capellanes hicieron que nos despidiéramos rápidos y que le pida mil disculpas.
Cuando ya era tarde, todos se estaban yendo del Centro Pastoral (una suerte de casa que acoge a todos lo que están interesados en ser miembros de la iglesia… que raro que me acogieron a mí).
-¿Nos vamos?
Si esa frase viniera de una chica normal, de alguna chica que no está involucrada en la iglesia, la hubiera cogido de la mano y la hubiera acercado a mi boca hasta sentir apretados nuestros labios. Pero asentí con la cabeza y le dije: “Vámonos”
Caminamos un par de cuadras juntas, ella me seguía preguntando sobre mí, yo respondía y trataba de no chocar contra sus creencias que alguna vez también fueron mías.
-Bueno, me tengo que ir. Cuídate –Me beso la mejilla y agrego –Estas muy diferentes, no eres el de antes. ¿Desde cuándo eres tan pesimista? ¿Dónde diablos esta el Luis que conocí hace tres años? Tienes una cajetilla grande en el bolsillo y te apuesto que solo quedan pocos cigarrillos, apuesto a que bebes todos los fines de semana ¿Qué tienes Luis? Ya no miras las cosas como antes. Tú me enseñaste a ver las cosas por el lado bueno. Con un par de preguntas me bastaron para darme cuenta que estas en el hoyo, que estas tocando fondo. No es nada físico… pero emocionalmente estas muriendo. Llegaraáun momento donde no aguantarás más.
-Lo siento Jessica. Adiós.
Me fui y volví a prender un cigarrillo, aturdido, pensando en cada palabra que me dijo ella.
Cuando boté todo el humo de mi boca, volteé a ver si ella estaba ahí.
Y me estaba mirando desde hacía un buen rato.
octubre 08, 2009
Yo no sé sufrir.
Debería llorar, debería sufrir y no lo hago. Me miro al espejo “¿Esto me sucede a mí?” me pregunto en silencio. La casa silenciosa con la noticia, algunas lágrimas recorren el rostro de mi mamá, algunos pasos deambulan por la casa… pero el silencio no termina.
Todos lo sabemos, incluso la niña, pero la mamá de la niña no lo sabe.
Mi papá es tan frugal, tan frio, tan callado “¿Cómo lidiará con el silencio?” es otra pregunta que impacta en mi cabeza cuando me sigo mirando al espejo como un desconocido… ¿En qué momento se mando a joder mi actitud?
¡Los teléfonos! Putos teléfonos, conspiran en silencio los que hablan por teléfono, ocultando a toda costa la verdad. La verdad, lejos de sentirse disimulada, se vuelve en cada momento más obvia.
Y me miro al espejo y no sale ni una lágrima, no siento dolor, no siento pena… tampoco estoy alegre, la noticia vino y se fue. No sé sufrir.
-Es probable que muera- las paredes susurran al oído y lo recuerdas una vez más.
Yo estaba alegre, hacia bromas cuando supe que nació “Una mujercita” sonreía con ganas de verla crecer. Pero la paredes vuelven a hacer recordar que va a morir ¡VA A MORIR! Y no estoy triste, raramente me siento muy normal y lo demás sigue girando.
En la casa nos miramos las caras con vergüenza, vergüenza de decir la verdad. A mí no me hace daño ¿Por qué no son sinceros?
Otra duda que surge en la tensión… y me sigo mirando al espejo, fastidiado de verme ¿Cuándo mierda cambie?
Entonces otra vez salgo de mi casa y vuelvo a engañar al mundo entero diciendo: “Estoy bien”.
Todos lo sabemos, incluso la niña, pero la mamá de la niña no lo sabe.
Mi papá es tan frugal, tan frio, tan callado “¿Cómo lidiará con el silencio?” es otra pregunta que impacta en mi cabeza cuando me sigo mirando al espejo como un desconocido… ¿En qué momento se mando a joder mi actitud?
¡Los teléfonos! Putos teléfonos, conspiran en silencio los que hablan por teléfono, ocultando a toda costa la verdad. La verdad, lejos de sentirse disimulada, se vuelve en cada momento más obvia.
Y me miro al espejo y no sale ni una lágrima, no siento dolor, no siento pena… tampoco estoy alegre, la noticia vino y se fue. No sé sufrir.
-Es probable que muera- las paredes susurran al oído y lo recuerdas una vez más.
Yo estaba alegre, hacia bromas cuando supe que nació “Una mujercita” sonreía con ganas de verla crecer. Pero la paredes vuelven a hacer recordar que va a morir ¡VA A MORIR! Y no estoy triste, raramente me siento muy normal y lo demás sigue girando.
En la casa nos miramos las caras con vergüenza, vergüenza de decir la verdad. A mí no me hace daño ¿Por qué no son sinceros?
Otra duda que surge en la tensión… y me sigo mirando al espejo, fastidiado de verme ¿Cuándo mierda cambie?
Entonces otra vez salgo de mi casa y vuelvo a engañar al mundo entero diciendo: “Estoy bien”.
octubre 04, 2009
Un escritor ex enamorador de mi ex enamorada
Una de las cosas que me hicieron dar cuenta que mi vida iba cambiando, fue el llegar a quinto de secundaria. Milagrosa o dudosamente entré al circulo de estudios donde solo entraban los inteligentes y yo (que no soy inteligente).
Eran tiempos interesantes, me conquistaban los libros y una guitarra desafinada. Tenía una enamorada muy simpática que me escuchaba, que me quería; y sin embargo, no me llenaba completamente. También estaban nuestros deberes como estudiantes, teníamos que estudiar para ingresar a alguna universidad y sobrevivir, sobre todos “nosotros” los del círculo de estudios.
Se hablaba mucho de un muchachito de baja estatura, alguien que predicaba a los Guns N' Roses, que prefería leer en clase de química antes que atenderla. Me decían que escribía los mejores poemas, que soltaba frases que asombraban a las chicas y también que yo ya lo conocía. Se decía, también, pero eso se me hizo difícil creerlo hasta que lo vi, que enamoraba a mi ex enamorada que, incluso en esos tiempos, me seguía gustando a mí…
¿Quién era? pues no lo supe hasta que un día me senté junto a él. En ese momento no lo sospeché, ni me lo imaginé, pero estaba ahí. Nos hicimos buenos amigos y yo no me daba cuenta que en los recreos él salía a abordar a mi ex enamorada. Yo vagabundeaba por el cafetín con otros amigos, mientras que ese infeliz (que lo quiero mucho ¡MALDITA SEA!) trataba de robarle un beso a esa muchachita.
Cuando me enteré quien era el desgraciado, ya era muy tarde, aquel flaco que compartía carpeta conmigo ya era mi amigo, ya habíamos intercambiado versos, historias, libros y canciones. Se me hizo difícil aceptarlo.
Ya con el tiempo, yo le decía, a él, las cosas que le gustaban a mi ex enamorada.
¿A qué viene todo esto? Pues ese desgraciado, que no solo se conformó con enamorar a mi ex enamorada, que no se conformó con escribir mejor que yo y que no se conformó con hacerse mi mejor amigo para que no le pegue, cumplió años ayer. Y se conformó, ahora sí, con emborracharme.
Si el invitarte unas galletas a los once años, si el compartir un viaje de promoción, si el escribirle a la misma chica, si el irnos de retiro juntos y morir, si el prestarnos libros, películas o escritos, si el escuchar un partido en un parque cerca del estadio, si el “piano bar” (sabes a lo que me refiero), si el escaparnos a fumar a la espalda de tu universidad, si el emborracharnos juntos, si el que duermas en mi casa, si el que salgamos con Melissa a desahogarnos… Si todo lo que hemos vivido juntos, no es amistad… ENTONCES NO SÉ LO QUÉ ES…
Eran tiempos interesantes, me conquistaban los libros y una guitarra desafinada. Tenía una enamorada muy simpática que me escuchaba, que me quería; y sin embargo, no me llenaba completamente. También estaban nuestros deberes como estudiantes, teníamos que estudiar para ingresar a alguna universidad y sobrevivir, sobre todos “nosotros” los del círculo de estudios.
Se hablaba mucho de un muchachito de baja estatura, alguien que predicaba a los Guns N' Roses, que prefería leer en clase de química antes que atenderla. Me decían que escribía los mejores poemas, que soltaba frases que asombraban a las chicas y también que yo ya lo conocía. Se decía, también, pero eso se me hizo difícil creerlo hasta que lo vi, que enamoraba a mi ex enamorada que, incluso en esos tiempos, me seguía gustando a mí…
¿Quién era? pues no lo supe hasta que un día me senté junto a él. En ese momento no lo sospeché, ni me lo imaginé, pero estaba ahí. Nos hicimos buenos amigos y yo no me daba cuenta que en los recreos él salía a abordar a mi ex enamorada. Yo vagabundeaba por el cafetín con otros amigos, mientras que ese infeliz (que lo quiero mucho ¡MALDITA SEA!) trataba de robarle un beso a esa muchachita.
Cuando me enteré quien era el desgraciado, ya era muy tarde, aquel flaco que compartía carpeta conmigo ya era mi amigo, ya habíamos intercambiado versos, historias, libros y canciones. Se me hizo difícil aceptarlo.
Ya con el tiempo, yo le decía, a él, las cosas que le gustaban a mi ex enamorada.
¿A qué viene todo esto? Pues ese desgraciado, que no solo se conformó con enamorar a mi ex enamorada, que no se conformó con escribir mejor que yo y que no se conformó con hacerse mi mejor amigo para que no le pegue, cumplió años ayer. Y se conformó, ahora sí, con emborracharme.
Si el invitarte unas galletas a los once años, si el compartir un viaje de promoción, si el escribirle a la misma chica, si el irnos de retiro juntos y morir, si el prestarnos libros, películas o escritos, si el escuchar un partido en un parque cerca del estadio, si el “piano bar” (sabes a lo que me refiero), si el escaparnos a fumar a la espalda de tu universidad, si el emborracharnos juntos, si el que duermas en mi casa, si el que salgamos con Melissa a desahogarnos… Si todo lo que hemos vivido juntos, no es amistad… ENTONCES NO SÉ LO QUÉ ES…
octubre 01, 2009
Senectud apresurada
Prendo mi lap top como todas las noches, me comunico con poca gente (no me gusta la multitud) por lo general de la universidad ya que es el nuevo entorno que me rodea, gente divertida, que me hace reír, gente enérgica, con mucha fuerza y que, obviamente, es más entretenida que yo.
Un pequeño incidente ocurre entonces, de la nada… todo por la culpa de mi ego tan disimulado. Nadie nota mi ego, pero se alimenta mucho y crece con mucha rapidez. Natalia, mi querida vecina, me envía una nota diciendo “Te dedico esta canción” adjunto a una página que no logro reconocer.
Se me hace raro, con Natalia nunca hablamos de lo “nuestro”, siempre fue unos destellos de soledad que terminaron en besos, una suerte de amor furtivo y apresurado, de esos que se consuman en una noche después de varias copas en la cabeza.
Me emociono de tanta ternura y aunque no quiero comprometerme a nada termino por abrir esa canción que me dedica con un emoticon sonrojado. Sale una rara sonrisa de mis labios ¿Qué quiere Natalia? Me pregunto con cierto morbo.
Entonces la pantalla parpadea y se abre una y otra ventana, al comienzo no comprendo… pero luego entiendo que no se trata de una canción dedicada a ese sentimiento borrascoso que una noche nació (cuando cursaba el cuarto de secundaria)… si no que es un maldito virus e inmediatamente el virus se es disparado para todos mis contactos.
Entonces me amargo, me hostigo, me descontrolo un poco y no sé qué hacer. Me molesta que mi lap top tenga virus, me molesta darle una explicación a todos los contactos que les envié el virus y me molesta haberme ilusionado con una supuesta canción de Natalia.
Decido huir, el camino más fácil, dejar a Mafe sola con su trabajo, irme sin dar explicaciones a la gente de la universidad. Pero antes de cerrar mi sesión una ventana sorprende mi pantalla. “¿Qué diablos tienes?” mi ex enamorada Natalia (casualmente con el mismo nombre) empieza con un tonto espectáculo.
Le explico lo sucedido y le pido perdón, pero me tilda de ebrio. Le vuelvo a pedir perdón y trato de explicarle pero es inútil… no entiende ni media palabra de lo que trato de explicar, por más que me esmero en hacerle entender no se puede.
Amargo de tanta tontería cierro la lap top y salgo de mi cuarto, agarro el nextel, alerto a Jazmín y le cuento lo sucedido. Se burla de mi estupidez y me siento un tonto. Salgo a fumar un poco y pienso.
Llego a mi casa con un montón de conclusiones en la cabeza y entre ellas solo una es la mas importante “ME HE VUELTO VIEJO”.
No es broma.
Últimamente me amargo de cualquier cosa y para no incomodar a nadie solo digo “Estoy cansado” pero en realidad estoy a punto de estallar.
Duermo después de comer y si me despiertan (que es casi siempre) mi genio revienta, no soporto que me despierten, tengo que despertarme por mi propia cuenta para estar tranquilo.
Si no entiendo alguna clase, me doy por vencido y me hago el loco hasta que me la expliquen de nuevo.
Mi memoria está hecha tiras, no recuerdo rostros, no recuerdo nombres, no recuerdo lo que hago… solo recuerdo que tengo que dormir.
Miro mi novela y no me gusta que hagan bulla cuando la miro porque me amargo y callo a todos lo que hacen bulla.
Ni siquiera el deporte me hace sentir más fuerte, me molesta que jueguen peor de lo que yo juego, peor si me echan la culpa.
Me he vuelto una señora. Una señora solterona que no tiene tiempo de hacer lo que le gusta y anda amargada de la vida. Perdí mis ganas de hacer lo que quiero ¿Por qué? No lo sé y tampoco quiero respondérmelo, porque me haría muchos problemas y no me gustan los problemas, que es otro síntoma de esta senectud apresurada.
Un pequeño incidente ocurre entonces, de la nada… todo por la culpa de mi ego tan disimulado. Nadie nota mi ego, pero se alimenta mucho y crece con mucha rapidez. Natalia, mi querida vecina, me envía una nota diciendo “Te dedico esta canción” adjunto a una página que no logro reconocer.
Se me hace raro, con Natalia nunca hablamos de lo “nuestro”, siempre fue unos destellos de soledad que terminaron en besos, una suerte de amor furtivo y apresurado, de esos que se consuman en una noche después de varias copas en la cabeza.
Me emociono de tanta ternura y aunque no quiero comprometerme a nada termino por abrir esa canción que me dedica con un emoticon sonrojado. Sale una rara sonrisa de mis labios ¿Qué quiere Natalia? Me pregunto con cierto morbo.
Entonces la pantalla parpadea y se abre una y otra ventana, al comienzo no comprendo… pero luego entiendo que no se trata de una canción dedicada a ese sentimiento borrascoso que una noche nació (cuando cursaba el cuarto de secundaria)… si no que es un maldito virus e inmediatamente el virus se es disparado para todos mis contactos.
Entonces me amargo, me hostigo, me descontrolo un poco y no sé qué hacer. Me molesta que mi lap top tenga virus, me molesta darle una explicación a todos los contactos que les envié el virus y me molesta haberme ilusionado con una supuesta canción de Natalia.
Decido huir, el camino más fácil, dejar a Mafe sola con su trabajo, irme sin dar explicaciones a la gente de la universidad. Pero antes de cerrar mi sesión una ventana sorprende mi pantalla. “¿Qué diablos tienes?” mi ex enamorada Natalia (casualmente con el mismo nombre) empieza con un tonto espectáculo.
Le explico lo sucedido y le pido perdón, pero me tilda de ebrio. Le vuelvo a pedir perdón y trato de explicarle pero es inútil… no entiende ni media palabra de lo que trato de explicar, por más que me esmero en hacerle entender no se puede.
Amargo de tanta tontería cierro la lap top y salgo de mi cuarto, agarro el nextel, alerto a Jazmín y le cuento lo sucedido. Se burla de mi estupidez y me siento un tonto. Salgo a fumar un poco y pienso.
Llego a mi casa con un montón de conclusiones en la cabeza y entre ellas solo una es la mas importante “ME HE VUELTO VIEJO”.
No es broma.
Últimamente me amargo de cualquier cosa y para no incomodar a nadie solo digo “Estoy cansado” pero en realidad estoy a punto de estallar.
Duermo después de comer y si me despiertan (que es casi siempre) mi genio revienta, no soporto que me despierten, tengo que despertarme por mi propia cuenta para estar tranquilo.
Si no entiendo alguna clase, me doy por vencido y me hago el loco hasta que me la expliquen de nuevo.
Mi memoria está hecha tiras, no recuerdo rostros, no recuerdo nombres, no recuerdo lo que hago… solo recuerdo que tengo que dormir.
Miro mi novela y no me gusta que hagan bulla cuando la miro porque me amargo y callo a todos lo que hacen bulla.
Ni siquiera el deporte me hace sentir más fuerte, me molesta que jueguen peor de lo que yo juego, peor si me echan la culpa.
Me he vuelto una señora. Una señora solterona que no tiene tiempo de hacer lo que le gusta y anda amargada de la vida. Perdí mis ganas de hacer lo que quiero ¿Por qué? No lo sé y tampoco quiero respondérmelo, porque me haría muchos problemas y no me gustan los problemas, que es otro síntoma de esta senectud apresurada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)