Una de las cosas que me hicieron dar cuenta que mi vida iba cambiando, fue el llegar a quinto de secundaria. Milagrosa o dudosamente entré al circulo de estudios donde solo entraban los inteligentes y yo (que no soy inteligente).
Eran tiempos interesantes, me conquistaban los libros y una guitarra desafinada. Tenía una enamorada muy simpática que me escuchaba, que me quería; y sin embargo, no me llenaba completamente. También estaban nuestros deberes como estudiantes, teníamos que estudiar para ingresar a alguna universidad y sobrevivir, sobre todos “nosotros” los del círculo de estudios.
Se hablaba mucho de un muchachito de baja estatura, alguien que predicaba a los Guns N' Roses, que prefería leer en clase de química antes que atenderla. Me decían que escribía los mejores poemas, que soltaba frases que asombraban a las chicas y también que yo ya lo conocía. Se decía, también, pero eso se me hizo difícil creerlo hasta que lo vi, que enamoraba a mi ex enamorada que, incluso en esos tiempos, me seguía gustando a mí…
¿Quién era? pues no lo supe hasta que un día me senté junto a él. En ese momento no lo sospeché, ni me lo imaginé, pero estaba ahí. Nos hicimos buenos amigos y yo no me daba cuenta que en los recreos él salía a abordar a mi ex enamorada. Yo vagabundeaba por el cafetín con otros amigos, mientras que ese infeliz (que lo quiero mucho ¡MALDITA SEA!) trataba de robarle un beso a esa muchachita.
Cuando me enteré quien era el desgraciado, ya era muy tarde, aquel flaco que compartía carpeta conmigo ya era mi amigo, ya habíamos intercambiado versos, historias, libros y canciones. Se me hizo difícil aceptarlo.
Ya con el tiempo, yo le decía, a él, las cosas que le gustaban a mi ex enamorada.
¿A qué viene todo esto? Pues ese desgraciado, que no solo se conformó con enamorar a mi ex enamorada, que no se conformó con escribir mejor que yo y que no se conformó con hacerse mi mejor amigo para que no le pegue, cumplió años ayer. Y se conformó, ahora sí, con emborracharme.
Si el invitarte unas galletas a los once años, si el compartir un viaje de promoción, si el escribirle a la misma chica, si el irnos de retiro juntos y morir, si el prestarnos libros, películas o escritos, si el escuchar un partido en un parque cerca del estadio, si el “piano bar” (sabes a lo que me refiero), si el escaparnos a fumar a la espalda de tu universidad, si el emborracharnos juntos, si el que duermas en mi casa, si el que salgamos con Melissa a desahogarnos… Si todo lo que hemos vivido juntos, no es amistad… ENTONCES NO SÉ LO QUÉ ES…
"...Y mis mentiras son batallas inventadas para ganar mis propias guerras." - La Madera del Alma - Gianmarco
octubre 04, 2009
octubre 01, 2009
Senectud apresurada
Prendo mi lap top como todas las noches, me comunico con poca gente (no me gusta la multitud) por lo general de la universidad ya que es el nuevo entorno que me rodea, gente divertida, que me hace reír, gente enérgica, con mucha fuerza y que, obviamente, es más entretenida que yo.
Un pequeño incidente ocurre entonces, de la nada… todo por la culpa de mi ego tan disimulado. Nadie nota mi ego, pero se alimenta mucho y crece con mucha rapidez. Natalia, mi querida vecina, me envía una nota diciendo “Te dedico esta canción” adjunto a una página que no logro reconocer.
Se me hace raro, con Natalia nunca hablamos de lo “nuestro”, siempre fue unos destellos de soledad que terminaron en besos, una suerte de amor furtivo y apresurado, de esos que se consuman en una noche después de varias copas en la cabeza.
Me emociono de tanta ternura y aunque no quiero comprometerme a nada termino por abrir esa canción que me dedica con un emoticon sonrojado. Sale una rara sonrisa de mis labios ¿Qué quiere Natalia? Me pregunto con cierto morbo.
Entonces la pantalla parpadea y se abre una y otra ventana, al comienzo no comprendo… pero luego entiendo que no se trata de una canción dedicada a ese sentimiento borrascoso que una noche nació (cuando cursaba el cuarto de secundaria)… si no que es un maldito virus e inmediatamente el virus se es disparado para todos mis contactos.
Entonces me amargo, me hostigo, me descontrolo un poco y no sé qué hacer. Me molesta que mi lap top tenga virus, me molesta darle una explicación a todos los contactos que les envié el virus y me molesta haberme ilusionado con una supuesta canción de Natalia.
Decido huir, el camino más fácil, dejar a Mafe sola con su trabajo, irme sin dar explicaciones a la gente de la universidad. Pero antes de cerrar mi sesión una ventana sorprende mi pantalla. “¿Qué diablos tienes?” mi ex enamorada Natalia (casualmente con el mismo nombre) empieza con un tonto espectáculo.
Le explico lo sucedido y le pido perdón, pero me tilda de ebrio. Le vuelvo a pedir perdón y trato de explicarle pero es inútil… no entiende ni media palabra de lo que trato de explicar, por más que me esmero en hacerle entender no se puede.
Amargo de tanta tontería cierro la lap top y salgo de mi cuarto, agarro el nextel, alerto a Jazmín y le cuento lo sucedido. Se burla de mi estupidez y me siento un tonto. Salgo a fumar un poco y pienso.
Llego a mi casa con un montón de conclusiones en la cabeza y entre ellas solo una es la mas importante “ME HE VUELTO VIEJO”.
No es broma.
Últimamente me amargo de cualquier cosa y para no incomodar a nadie solo digo “Estoy cansado” pero en realidad estoy a punto de estallar.
Duermo después de comer y si me despiertan (que es casi siempre) mi genio revienta, no soporto que me despierten, tengo que despertarme por mi propia cuenta para estar tranquilo.
Si no entiendo alguna clase, me doy por vencido y me hago el loco hasta que me la expliquen de nuevo.
Mi memoria está hecha tiras, no recuerdo rostros, no recuerdo nombres, no recuerdo lo que hago… solo recuerdo que tengo que dormir.
Miro mi novela y no me gusta que hagan bulla cuando la miro porque me amargo y callo a todos lo que hacen bulla.
Ni siquiera el deporte me hace sentir más fuerte, me molesta que jueguen peor de lo que yo juego, peor si me echan la culpa.
Me he vuelto una señora. Una señora solterona que no tiene tiempo de hacer lo que le gusta y anda amargada de la vida. Perdí mis ganas de hacer lo que quiero ¿Por qué? No lo sé y tampoco quiero respondérmelo, porque me haría muchos problemas y no me gustan los problemas, que es otro síntoma de esta senectud apresurada.
Un pequeño incidente ocurre entonces, de la nada… todo por la culpa de mi ego tan disimulado. Nadie nota mi ego, pero se alimenta mucho y crece con mucha rapidez. Natalia, mi querida vecina, me envía una nota diciendo “Te dedico esta canción” adjunto a una página que no logro reconocer.
Se me hace raro, con Natalia nunca hablamos de lo “nuestro”, siempre fue unos destellos de soledad que terminaron en besos, una suerte de amor furtivo y apresurado, de esos que se consuman en una noche después de varias copas en la cabeza.
Me emociono de tanta ternura y aunque no quiero comprometerme a nada termino por abrir esa canción que me dedica con un emoticon sonrojado. Sale una rara sonrisa de mis labios ¿Qué quiere Natalia? Me pregunto con cierto morbo.
Entonces la pantalla parpadea y se abre una y otra ventana, al comienzo no comprendo… pero luego entiendo que no se trata de una canción dedicada a ese sentimiento borrascoso que una noche nació (cuando cursaba el cuarto de secundaria)… si no que es un maldito virus e inmediatamente el virus se es disparado para todos mis contactos.
Entonces me amargo, me hostigo, me descontrolo un poco y no sé qué hacer. Me molesta que mi lap top tenga virus, me molesta darle una explicación a todos los contactos que les envié el virus y me molesta haberme ilusionado con una supuesta canción de Natalia.
Decido huir, el camino más fácil, dejar a Mafe sola con su trabajo, irme sin dar explicaciones a la gente de la universidad. Pero antes de cerrar mi sesión una ventana sorprende mi pantalla. “¿Qué diablos tienes?” mi ex enamorada Natalia (casualmente con el mismo nombre) empieza con un tonto espectáculo.
Le explico lo sucedido y le pido perdón, pero me tilda de ebrio. Le vuelvo a pedir perdón y trato de explicarle pero es inútil… no entiende ni media palabra de lo que trato de explicar, por más que me esmero en hacerle entender no se puede.
Amargo de tanta tontería cierro la lap top y salgo de mi cuarto, agarro el nextel, alerto a Jazmín y le cuento lo sucedido. Se burla de mi estupidez y me siento un tonto. Salgo a fumar un poco y pienso.
Llego a mi casa con un montón de conclusiones en la cabeza y entre ellas solo una es la mas importante “ME HE VUELTO VIEJO”.
No es broma.
Últimamente me amargo de cualquier cosa y para no incomodar a nadie solo digo “Estoy cansado” pero en realidad estoy a punto de estallar.
Duermo después de comer y si me despiertan (que es casi siempre) mi genio revienta, no soporto que me despierten, tengo que despertarme por mi propia cuenta para estar tranquilo.
Si no entiendo alguna clase, me doy por vencido y me hago el loco hasta que me la expliquen de nuevo.
Mi memoria está hecha tiras, no recuerdo rostros, no recuerdo nombres, no recuerdo lo que hago… solo recuerdo que tengo que dormir.
Miro mi novela y no me gusta que hagan bulla cuando la miro porque me amargo y callo a todos lo que hacen bulla.
Ni siquiera el deporte me hace sentir más fuerte, me molesta que jueguen peor de lo que yo juego, peor si me echan la culpa.
Me he vuelto una señora. Una señora solterona que no tiene tiempo de hacer lo que le gusta y anda amargada de la vida. Perdí mis ganas de hacer lo que quiero ¿Por qué? No lo sé y tampoco quiero respondérmelo, porque me haría muchos problemas y no me gustan los problemas, que es otro síntoma de esta senectud apresurada.
septiembre 06, 2009
Noches de memoria
Todas las noches,
poco a poco,
ellas vuelven a mi memoria,
me hacen reproches
y me recuerdan nuestra historia.
Soy más culpable
de lo que no aparento ser.
También yo me fui a perder
con otros besos agradables.
No voy a defenderme
diciendo que no quise
probar los labios del pecado.
No me arrepiento de lo que hice,
si no saben quererme,
las puertas se han cerrado.
Esperaré otra muchachita
con la boca marchita
para poder renacer
lo que supe perder.
Y entonces entrará a mi memoria
mientras en las demás noches
se repita la misma historia.
poco a poco,
ellas vuelven a mi memoria,
me hacen reproches
y me recuerdan nuestra historia.
Soy más culpable
de lo que no aparento ser.
También yo me fui a perder
con otros besos agradables.
No voy a defenderme
diciendo que no quise
probar los labios del pecado.
No me arrepiento de lo que hice,
si no saben quererme,
las puertas se han cerrado.
Esperaré otra muchachita
con la boca marchita
para poder renacer
lo que supe perder.
Y entonces entrará a mi memoria
mientras en las demás noches
se repita la misma historia.
agosto 25, 2009
C'est la vie
Así es la vida... seré artista...aún dormido y casi sin vida, diré con orgullo "soy artista". Y no cualquiera, un poeta, un escritor y lo que es mejor un soñador, un vagabundo, amante de la pintura y las melodías. Todo es claro ahora en el mundo, ¿Qué puedo decir? -yo amo al arte-. Alguien me decía que algo estaba mal en mí: "Niño tanto amor te matará, acabarán por encerrarte en una cárcel de imaginación, la realidad."
¿Qué puedo decir? haré lo que mejor se hacer: combatir. Tendré que cargar mi cruz y en mi única defensa alegaré que yo amo al arte. Y después, cuando la pureza esté en mi cuarto y me haya despojado de tanta realidad, la muerte vendrá a buscarme, ya abatido por mi salud quebrantable, y preguntará, cansada de tanto esperar: ¿Quién morirá de tanto amor?... Y yo dormido y casi sin vida le diré con orgullo: ¿busca al artista? El artista soy yo...
¿Qué puedo decir? haré lo que mejor se hacer: combatir. Tendré que cargar mi cruz y en mi única defensa alegaré que yo amo al arte. Y después, cuando la pureza esté en mi cuarto y me haya despojado de tanta realidad, la muerte vendrá a buscarme, ya abatido por mi salud quebrantable, y preguntará, cansada de tanto esperar: ¿Quién morirá de tanto amor?... Y yo dormido y casi sin vida le diré con orgullo: ¿busca al artista? El artista soy yo...
agosto 15, 2009
Andrés
La mañana cruza la habitación de Andrés. El frio limeño se apodera de su cuerpo. “¡Qué frio, carajo!” piensa. El sonido de su celular vibra en sus oídos y abre sus ojos hostigado por la bulla. No duda y rechaza la llamada. “¡Son las nueve de la mañana, que no joda!” grita. El sonido del celular vuelve a molestarlo.
-¿Aló?-dice un poco molesto.
-¡Andrés! Perdón, ¿Estas durmiendo?
-No, estoy hablando contigo- “Pobre imbécil” piensa.
-En un par de horas voy a tu casa, tengo mucho que contarte.
Termina de hablar con Rodrigo y trata de dormir, pero es imposible.
Prende la televisión. No se siente contento consigo mismo. Va saltando de un canal a otro sin mirar la televisión, pensando en otra cosa. “¡Este país es una mierda!” prende un cigarro y se deja caer desparramado en su cama.
Va al baño, no hay nadie en la casa. Moja su rostro, se mira al espejo y prefiere no afeitarse. El frio invade poco a poco el baño y Andrés empieza a temblar. Cruza el pasadizo y va a su habitación, prende el mini-componente, mira su pequeña biblioteca que logró hacerla crecer con tanto esmero y empieza a ordenar su cuarto.
Al mediodía el timbre suena, es Rodrigo. Andrés lo hace pasar. Rodrigo mira a Andrés en bóxer y se ríe.
-Cámbiate rápido, vamos por unas chelitas- le dice.
Andrés coge los primeros jeans que ve y se los pone. Termina de vestirse y va donde Rodrigo.
-Vamos rápido, no tengo mucho tiempo- le dice Rodrigo.
Cruzan la avenida, fumando, la calle vacía y la neblina no deja ver el final de la calle. Dan la vuelta por el parque y ya logran ver la universidad. Entran a ese pequeño bar y piden unas cervezas heladas. Andrés prende un cigarrillo.
-Fumas mucho por lo visto- le dice Rodrigo.
-No.
Rodrigo habla, se vuelve muy locuaz cuando habla de su enamorada. Andrés lo mira, le sonríe y da una pitada larga que hace que pase por su garganta junto con un poco de cerveza. No lo escucha, mira la calle solitaria, los arboles tristes. “¿Se dará cuenta de que no le presto atención?” piensa y vuelve a mirarlo a los ojos.
Después de dos rondas Rodrigo tiene que irse. Se levantan de la barra, apagan las últimas colillas, Rodrigo insiste en pagar, pone el dinero en la mesa y salen a enfrentarse contra el frio violento de lima.
Se despiden en la avenida y Andrés toma rumbo a casa. Mira su reloj y son las cuatro de la tarde. “todavía tengo tiempo” piensa.
Llega a su casa, mira la nota que su mamá le ha dejado y va a su cuarto. Prende la televisión, mira una película y piensa en ella.
Las tres de la tarde en el reloj coge sus llaves y sale. Pasa por la tienda, compra una cajetilla, lee Marlboro en la etiqueta, paga y se va fumando mientras espera el bus.
En el camino va escuchando música, mirando las calles de ese invierno tan crudo y húmedo, la ciudad se llena de nostalgia y los recuerdos van y vienen por la mente. Las cosas han ido cambiando desde que salió del colegio, los pensamientos iban adoptando formas diferentes… pero en este país no se puede vivir de una vocación poco rentable.
Baja del bus, prende otro cigarrillo y se va acercando a la esquina. Logra reconocer a algunos amigos y se acerca a saludarlos. Pregunta por ella y nadie le da razón.
Sigue caminando con Mónica y Maritza, sus dos amigas. Sin embargo, Andrés sabe que con Mónica no son sólo amigos. Algo pasó hace mucho, un beso liberó muchos sentimientos que no debieron salir.
Eso es lo de menos, Andrés camina, su cabeza está centrada en otra persona. Bota la colilla en el pavimento y la apaga con la planta de su zapatilla. Vuelve a alzar la mirada y solo mira rostros conocidos, aún no logra verla.
Se sienta en las gradas, prende otro cigarro y cierra su casaca hasta el cuello. “¡Mierda, qué frio!” piensa.
Los rostros siguen pasando por su costado, va saludando a algunos y otros sólo pasan sin tomarle importancia.
Traga el humo, golpea y ella lo mira a los ojos, Andrés sonríe y despide el humo de los labios.
-No quiero que el humo se impregne en mi cabello- dice Fernanda. Andrés se levanta y la saluda, pero cuando mira a su costado ve a otro chico que está muy cerca de Fernanda. Se hace el loco y solo mira su aspecto de rockero.
Andrés se sienta, cada vez más gente rodea su entorno.
-¿Y tú? ¿Cómo estás?- le pregunta Fernanda.
-Como siempre, aburrido.
Andrés sigue fumando, mirando sus ojos, ella se ríe y sigue conversando con los demás. Logra reconocer la caminada de una chica que atormentó su pasado, su cabello rubio, sus All Star, su mochila escocesa y sus expresiones tan graciosas.
-Estoy apurada- Le dice Fernanda a Andrés y se despide. Andrés se queda desconcertado y ve cómo se va con el rockero, sospecha algo y duda.
Andrés habla con Paul, un amigo que logró reconocer entre la multitud, y empieza a caminar lento.
Prende otro cigarro y le cuenta que Fernanda le dijo que vaya a saludarla y que le molestaba demasiado que ella se haya ido con otro.
-Es una puta, ¡Una puta de mierda!- le dice Paul a Andrés.
Andrés no sonríe y se aleja caminando un poco incomodo por la situación. Una chica se le acerca y le empieza a hablar, Andrés está un poco ofuscado como para prestarle atención y solo se resigna a escuchar. Pasa por una librería y compra dos libros casi sin verlos, paga y el viento sorprende su cuerpo. “¡Este frio de mierda me va a matar!” piensa.
De regreso, se encuentra con Maritza, conversan y deciden ir a caminar por el malecón. Toman un bus, Andrés paga y se sientan.
-¿Cómo te fue con Fernanda?- Le pregunta Maritza.
-Mal
En el bus hablan poco.
Bajan del bus y caminan por el parque Kennedy, hablan de música, de los viejos recuerdos que le traía ese lugar a Andrés. Saca una cajetilla de su bolsillo y empiezan a fumar.
Caminan por la avenida Benavides mientras Andrés le cuenta esas historias del pasado a Maritza y Maritza le sonríe. “¿Me estará escuchando?” se pregunta extrañado Andres.
De regreso toman un bus y ahora los papeles se han invertido: Maritza le habla a Andrés y Andrés no puede evitar pensar en Fernanda.
Maritza baja del bus, se despiden y quedan en verse la semana que viene. Andrés se queda solo, se pone los audífonos y empieza a leer una de las novelas que se compro en la librería, cuando esa chica le hablaba y él sólo se resignaba a pensar en por qué Fernanda se fue de esa manera.
Baja del bus, camina hasta su casa, la noche ya había entrado a la ciudad hace unas horas, él no lo había notado hasta ese momento. Entra a su casa y deja los libros en su escritorio. Un mensaje de texto de Fernanda le llega a su celular diciendo que lo quiere como no imagina, pero vio que Mónica aún se moría por él y como es su amiga, preferible dejar las cosas como “amigos”. Andres se ríe irónico, piensa que es una estupidez. “Creo que Paul tenía razón” piensa.
Andrés le manda un mensaje diciéndole que no tiene por qué decirle que lo quiere si no lo siente. Ella se lamenta y le sigue mandando mensajes. Andres se siente incomodo, le parece una completa estupidez lo que Fernanda hace, sospecha algo de ese rockerito que caminaba con ella, pero ya es demasiado tarde.
Deambula por su casa, no sabe lo que está buscando en ese lugar desconocido para él. En la cocina se topa con su mama.
-Parece que te fue bien con Andrea- Le dice su mamá.
-Si - responde. “No siempre que te digo que salgo con Andrea, salgo con Andrea” piensa y le da un beso en la mejilla. En su casa nadie se da cuenta lo que vive, Andrés tampoco sabe lo que su mamá vive. Son unos completos desconocidos.
Ya es casi medianoche y Andrés está tirado en su cama pensando, mirando el techo de su habitación con ganas de prender un cigarrillo. Piensa en todo lo que ha pasado y solo se resigna a decirse “Tranquilo, cholito. Es solo un día mas en este lugar de mierda”. Prende la televisión y no se ríe ni con su programa favorito.
Entonces va a su escritorio y prende su lap top decidido a escribir lo que le pasó ese día, cambiando un poco los nombres obviamente.
El viento se desliza sigilosamente por la ventana y Andrés empieza a temblar. Se acerca a la ventana a cerrarla para poder escribir tranquilo y piensa “¡Mierda, que frio que hace!”
-¿Aló?-dice un poco molesto.
-¡Andrés! Perdón, ¿Estas durmiendo?
-No, estoy hablando contigo- “Pobre imbécil” piensa.
-En un par de horas voy a tu casa, tengo mucho que contarte.
Termina de hablar con Rodrigo y trata de dormir, pero es imposible.
Prende la televisión. No se siente contento consigo mismo. Va saltando de un canal a otro sin mirar la televisión, pensando en otra cosa. “¡Este país es una mierda!” prende un cigarro y se deja caer desparramado en su cama.
Va al baño, no hay nadie en la casa. Moja su rostro, se mira al espejo y prefiere no afeitarse. El frio invade poco a poco el baño y Andrés empieza a temblar. Cruza el pasadizo y va a su habitación, prende el mini-componente, mira su pequeña biblioteca que logró hacerla crecer con tanto esmero y empieza a ordenar su cuarto.
Al mediodía el timbre suena, es Rodrigo. Andrés lo hace pasar. Rodrigo mira a Andrés en bóxer y se ríe.
-Cámbiate rápido, vamos por unas chelitas- le dice.
Andrés coge los primeros jeans que ve y se los pone. Termina de vestirse y va donde Rodrigo.
-Vamos rápido, no tengo mucho tiempo- le dice Rodrigo.
Cruzan la avenida, fumando, la calle vacía y la neblina no deja ver el final de la calle. Dan la vuelta por el parque y ya logran ver la universidad. Entran a ese pequeño bar y piden unas cervezas heladas. Andrés prende un cigarrillo.
-Fumas mucho por lo visto- le dice Rodrigo.
-No.
Rodrigo habla, se vuelve muy locuaz cuando habla de su enamorada. Andrés lo mira, le sonríe y da una pitada larga que hace que pase por su garganta junto con un poco de cerveza. No lo escucha, mira la calle solitaria, los arboles tristes. “¿Se dará cuenta de que no le presto atención?” piensa y vuelve a mirarlo a los ojos.
Después de dos rondas Rodrigo tiene que irse. Se levantan de la barra, apagan las últimas colillas, Rodrigo insiste en pagar, pone el dinero en la mesa y salen a enfrentarse contra el frio violento de lima.
Se despiden en la avenida y Andrés toma rumbo a casa. Mira su reloj y son las cuatro de la tarde. “todavía tengo tiempo” piensa.
Llega a su casa, mira la nota que su mamá le ha dejado y va a su cuarto. Prende la televisión, mira una película y piensa en ella.
Las tres de la tarde en el reloj coge sus llaves y sale. Pasa por la tienda, compra una cajetilla, lee Marlboro en la etiqueta, paga y se va fumando mientras espera el bus.
En el camino va escuchando música, mirando las calles de ese invierno tan crudo y húmedo, la ciudad se llena de nostalgia y los recuerdos van y vienen por la mente. Las cosas han ido cambiando desde que salió del colegio, los pensamientos iban adoptando formas diferentes… pero en este país no se puede vivir de una vocación poco rentable.
Baja del bus, prende otro cigarrillo y se va acercando a la esquina. Logra reconocer a algunos amigos y se acerca a saludarlos. Pregunta por ella y nadie le da razón.
Sigue caminando con Mónica y Maritza, sus dos amigas. Sin embargo, Andrés sabe que con Mónica no son sólo amigos. Algo pasó hace mucho, un beso liberó muchos sentimientos que no debieron salir.
Eso es lo de menos, Andrés camina, su cabeza está centrada en otra persona. Bota la colilla en el pavimento y la apaga con la planta de su zapatilla. Vuelve a alzar la mirada y solo mira rostros conocidos, aún no logra verla.
Se sienta en las gradas, prende otro cigarro y cierra su casaca hasta el cuello. “¡Mierda, qué frio!” piensa.
Los rostros siguen pasando por su costado, va saludando a algunos y otros sólo pasan sin tomarle importancia.
Traga el humo, golpea y ella lo mira a los ojos, Andrés sonríe y despide el humo de los labios.
-No quiero que el humo se impregne en mi cabello- dice Fernanda. Andrés se levanta y la saluda, pero cuando mira a su costado ve a otro chico que está muy cerca de Fernanda. Se hace el loco y solo mira su aspecto de rockero.
Andrés se sienta, cada vez más gente rodea su entorno.
-¿Y tú? ¿Cómo estás?- le pregunta Fernanda.
-Como siempre, aburrido.
Andrés sigue fumando, mirando sus ojos, ella se ríe y sigue conversando con los demás. Logra reconocer la caminada de una chica que atormentó su pasado, su cabello rubio, sus All Star, su mochila escocesa y sus expresiones tan graciosas.
-Estoy apurada- Le dice Fernanda a Andrés y se despide. Andrés se queda desconcertado y ve cómo se va con el rockero, sospecha algo y duda.
Andrés habla con Paul, un amigo que logró reconocer entre la multitud, y empieza a caminar lento.
Prende otro cigarro y le cuenta que Fernanda le dijo que vaya a saludarla y que le molestaba demasiado que ella se haya ido con otro.
-Es una puta, ¡Una puta de mierda!- le dice Paul a Andrés.
Andrés no sonríe y se aleja caminando un poco incomodo por la situación. Una chica se le acerca y le empieza a hablar, Andrés está un poco ofuscado como para prestarle atención y solo se resigna a escuchar. Pasa por una librería y compra dos libros casi sin verlos, paga y el viento sorprende su cuerpo. “¡Este frio de mierda me va a matar!” piensa.
De regreso, se encuentra con Maritza, conversan y deciden ir a caminar por el malecón. Toman un bus, Andrés paga y se sientan.
-¿Cómo te fue con Fernanda?- Le pregunta Maritza.
-Mal
En el bus hablan poco.
Bajan del bus y caminan por el parque Kennedy, hablan de música, de los viejos recuerdos que le traía ese lugar a Andrés. Saca una cajetilla de su bolsillo y empiezan a fumar.
Caminan por la avenida Benavides mientras Andrés le cuenta esas historias del pasado a Maritza y Maritza le sonríe. “¿Me estará escuchando?” se pregunta extrañado Andres.
De regreso toman un bus y ahora los papeles se han invertido: Maritza le habla a Andrés y Andrés no puede evitar pensar en Fernanda.
Maritza baja del bus, se despiden y quedan en verse la semana que viene. Andrés se queda solo, se pone los audífonos y empieza a leer una de las novelas que se compro en la librería, cuando esa chica le hablaba y él sólo se resignaba a pensar en por qué Fernanda se fue de esa manera.
Baja del bus, camina hasta su casa, la noche ya había entrado a la ciudad hace unas horas, él no lo había notado hasta ese momento. Entra a su casa y deja los libros en su escritorio. Un mensaje de texto de Fernanda le llega a su celular diciendo que lo quiere como no imagina, pero vio que Mónica aún se moría por él y como es su amiga, preferible dejar las cosas como “amigos”. Andres se ríe irónico, piensa que es una estupidez. “Creo que Paul tenía razón” piensa.
Andrés le manda un mensaje diciéndole que no tiene por qué decirle que lo quiere si no lo siente. Ella se lamenta y le sigue mandando mensajes. Andres se siente incomodo, le parece una completa estupidez lo que Fernanda hace, sospecha algo de ese rockerito que caminaba con ella, pero ya es demasiado tarde.
Deambula por su casa, no sabe lo que está buscando en ese lugar desconocido para él. En la cocina se topa con su mama.
-Parece que te fue bien con Andrea- Le dice su mamá.
-Si - responde. “No siempre que te digo que salgo con Andrea, salgo con Andrea” piensa y le da un beso en la mejilla. En su casa nadie se da cuenta lo que vive, Andrés tampoco sabe lo que su mamá vive. Son unos completos desconocidos.
Ya es casi medianoche y Andrés está tirado en su cama pensando, mirando el techo de su habitación con ganas de prender un cigarrillo. Piensa en todo lo que ha pasado y solo se resigna a decirse “Tranquilo, cholito. Es solo un día mas en este lugar de mierda”. Prende la televisión y no se ríe ni con su programa favorito.
Entonces va a su escritorio y prende su lap top decidido a escribir lo que le pasó ese día, cambiando un poco los nombres obviamente.
El viento se desliza sigilosamente por la ventana y Andrés empieza a temblar. Se acerca a la ventana a cerrarla para poder escribir tranquilo y piensa “¡Mierda, que frio que hace!”
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