mayo 27, 2010

Tantas veces Francisco

-Tengo miedo- Se apresuró a decirle momentos antes de besarlo.
-¿Por qué?- Francisco, serio, sin dejar de mirarla.
-Porque Diana es mi amiga, y entre tu y ella hubo algo.
-Diana no tiene nada que ver entre lo dos.
-Ni ella, ni nadie- Fernanda sonrió mientras se arreglaba el cabello.
Francisco se acercó, besó su frente con los ojos cerrados. Luego bajó su rostro, las miradas coincidieron y no supieron en que momento empezaron a besarse.
Hablaron toda la noche sobre lo que sucedía. Francisco estaba dispuesto a todo. Fernanda no solo tenía miedo a que Diana se entere lo sucedido, también tenía miedo a que Francisco esté jugando con ella.
Al despedirse, se besaron una vez más. Francisco estaba muy ilusionado. Fernanda quizá lo estaba o quizá lo ocultaba.
Francisco se fue con algunas dudas en la cabeza y un sabor a los miedos de ella después de los besos.
Después hablarían…

abril 17, 2010

Las canciones de papá

Recuerdo que viajaba mucho con mi familia, hace mucho tiempo. Por el trabajo de mi papá, aprendimos a vivir moviéndonos de una ciudad a otra. Siempre conociendo a personas nuevas, viendo nuevas culturas y siendo cada vez mas unidos.

En cada viaje, mi papá compraba cassettes de algunos personajes que, por la portada, para mí no eran más que viejitos que cantaban canciones para otros viejitos.

Yo siempre me acomodaba en el asiento del copiloto, mi papá al volante y mi hermana junto a mi mama se sentaban en la parte posterior. A noventa kilómetros por hora, mirando los paisajes, las ciudades, los pequeños pueblos y el sol ocultarse aprendí a conversar conmigo mismo, a memorizar los sonidos y la voz de aquellos cantantes que escucho al escribir estas líneas.

Mi padre siempre me decía que prestara atención a esas canciones, pero por alguna razón me desconcentraba y seguía en lo mío. Preguntarme por qué viajábamos mucho, por qué no nos quedábamos tranquilos en un lugar y echarnos a crecer como cualquier familia. Pero por el contrario, cada vez viajábamos más y dejaba muchos amigos en cada lugar.

Quizá por eso tomo ciertas actitudes en mi vida que demuestras mis repetitivos cambios. El no demostrar mi estabilidad… siempre furtivo y versátil.

Entre muchos personajes había un cassette azul de un tal Alberto Cortez que papá escuchaba cada vez que íbamos a visitar al abuelo, cuando mi papá tomaba vacaciones y nos escapábamos lejos de casa.

Con papá nunca tuve una conversación seria sobre algún tema. La religión, sexo o la madurez. Siempre fue un hombre distante, misterioso para mí. Mis recuerdos con mi papá solo son en ese auto plomo cuando viajábamos y cada tanto, cuando le pedía que bajáramos a ver algo que me entretuvo, me miraba con mucha ternura, como quizá lo hacia mi abuelo con él.

Han pasado muchos años y me he topado con las mismas canciones que papá me hizo escuchar cuando era muy chico. Cuando viajábamos y los silencios eran eternos, distantes y hasta cierto punto egoístas. Yo miraba por la ventana sin entender una sola canción y él sonreía con cada canción, mirando el horizonte y la ruta. Hoy me doy cuenta que en esas canciones mi padre está ahí, presente, queriéndome decir algo. Aunque nunca se atrevió a hablarme sobre temas que yo tuve que descubrir con otros golpes y vergüenzas.

Cada canción era un mensaje que él quería decirme, cada palabra que nunca se le ocurrió lanzarla y dejarla sellada en mi memoria. Cada canción era una moraleja para que pueda aprender más de lo que él pensaba sobre mí, sobre la vida e incluso de él mismo.

Y ahora, en este momento. No veo la imagen donde sale mi papa tomándome de la mano y yo, aun con esa inocencia, mirar hacia arriba, porque para mí era muy alto, y ver toda esa ternura con la que mi papa me miraba. La imagen que yo veo es la de mi abuelo abrazando a mi papa, diciéndole que lo quiere y mirándolo de la misma forma con la que mi papa me veía a mí. Cuando era su “campeón”.

Mi papá solo quiso ser un buen padre. Como lo fue mi abuelo con él.

marzo 03, 2010

Gajes del oficio

Escribo solo, en mi esquina, frente a la pantalla sin hacer bulla, sin molestar a nadie. La única luz que esta prendida, en esta casa, es la de mi cuarto… pasan los minutos, los segundos y yo sigo escribiendo.
Escribo porque me aburro de leer mucho, porque tal vez me inspiro un poco o porque es lo único que sé hacer en esta vida.
Escribo porque todo el mundo sabe que la ficción es la corrección de esta realidad que solo te da desencuentros y te cansa de lo mismo, porque después de hacerlo te sientes bien y vuelves a hacer las mismas perradas de siempre.
No escribo por venganza, aunque lo he pensado mucho y lo pienso hacer. Pero lamentablemente no soy vengativo, no guardo rencor… pero tengo molestia por ciertas personas. No escribo porque soy un sabio, un maestro de la literatura o porque Jorge escriba mejor que yo. Escribo porque es bueno conversar conmigo mismo, porque me engrío solo y porque en vez de mentir, solo dices una verdad a medias y al revés.
Escribo para gritar alguna protesta, para desahogarme. Y muchas veces escribo porque me emborracho demasiado y ¿Quién no sabe que se escribe mejor en ese estado?
Escribo una vez cada dos semanas, pocas veces lo publico en mi blog. Escribo desde una tontera que me paso algún día cualquiera, hasta las noches descontroladas de algunos domingos en la madrugada dentro de un taxi.
No me arrepiento de lo que escribo, porque me siento más cerca a mí, cerca de mis pensamientos, de mis ideas, de mi forma de ver la vida y lo que opino de ella. También me rio de lo mal que escribo algunas veces, de las pocas palabras “cultas” que sé. Y aparte… ¿Quién carajos me entendería si escribiera con pura palabra compleja?
Escribo, sobre todo, porque me apasiono rápidamente, porque algunas personas sienten admiración por este discreto (supuesto) talento que los dioses paganos me dieron. Escribo porque hablando la cago completamente, porque escribiendo tengo más tiempo de pensar cada palabra.
Nunca he escrito comprometiendo a otras personas, nunca he escrito para hacer añicos a alguien… pero lo he intentado y me he arrepentido. Escribo para distraer mi locura, para engañar mis problemas y esquivar las cosas de serio rigor.
Escribo porque ya estoy manchado, deje la ternura a un lado, deje la inocencia de escribir hace mucho. Y ahora (diría un amigo) escribo mis porquerías.
Escribo porque me siento un dios sobre un papel, porque puedo hacer daño cuando alguien se siente identificado con lo que escribo. Escribo de noche, escribo hasta ver la madrugada, hasta sentir los ojos pesados, el cansancio en la cabeza y la risa de haber creado un todo, en la nada.
Escribo porque tengo mucha libertad, no le doy explicaciones a nadie de lo que hago y mejor aun “no le rindo cuentas a nadie”. Escribo porque me gusta contar. Porque alguien se fue y me dejo con las ganas de seguir contado cosas a la gente.
Escribo porque el tiempo nunca se acaba, porque todo pasa a un ritmo de letargo, entonces busco finales alternativos y los exagero, les quito escenas, les agrego más personajes y algunos otros los omito. Escribo después de unos cuantos cigarrillos en el parque, después de pensar cada instante de lo ocurrido.
También escribo para no olvidarme de las cosas buenas, porque tengo mala memoria y el olvido hace trampa para llevarse mis recuerdos a su baúl. Escribo en cualquier lugar, incluso en el baño.
No escribo las cosas que el profesor diga que copiemos, creo que la tinta se gasta innecesariamente, prefiero escribir cosas de mi propio interés, cosas que me hagan reír, llorar, ponerme triste o melancólico…
“Escribo solo para matar las tardes,
por no ponerme a deshacer maletas,
por no arrastrarme por las estaciones.”
Diría Joaquín Sabina.
Escribo porque de esa manera te fijaste en mí, porque de esa manera recuerdas que aún estoy aquí, dispuesto a todo por ti. Escribo porque sé muy bien que me miras, que me sonríes desde lejos, porque me miras con dulzura y coquetería. Escribo porque todavía mueres por besarme.

enero 31, 2010

Pacto entre caballeros

(Entro a trabajar, es una tarde tranquila, por lo general siempre siento tensión cuando tengo que marcar mi hora de entrada, saludar a todo el mundo y empezar con mis labores diarios. Entonces me fijo que solo está Abel y me acerco a saludarlo… empezamos con la rutina… Y entonces empiezo a hablar)


Por aquí vive mi ex enamorada, no quiero imaginar lo que sucederá si en algún momento nos encontramos… Sí, sería un desastre… ¿Te conté que todo terminó mal? En el fondo yo fui el único culpable… Te contaré esa relación que fue muy intensa, en ambos sentidos claro, había mucho sentimiento y muchos quilates de amor puro, pero también nos peleábamos a cada rato… Obviamente es escorpio, pero siempre he tratado de recordar esa relación con todo lo bueno… Pero también hubo demasiado cosas malas…
Fue el verano del 2007, yo entraba a mi último año de la secundaria, ya había escuchado el álbum “enemigos íntimos”, había leído las novelas de Herman Hesse, me interesaba mucho el arte y la literatura sobre todo, ese verano compartía mi tiempo con Carlos, un fiel mal amigo, nos íbamos al malecón a fumar, a conversar - Sin que sepa mi enamorada de ese entonces, claro - y vivía arrepentido de una cosa que no hice el año anterior… No haber buscado el correo de una chica que conocí en primero de secundaria. Se llama Eliana, hace mucho que no sé de ella, siempre que veo a Carlos le pregunto si sabe algo de ella, siempre me dice lo mismo el desgraciado: “Está bien” y yo le creo.
La primera vez que la vi fue en el colegio, se sentaba al fondo con cara de aburrida - Yo la miraba con el reflejo del reloj que me regalo mi papá. Creo que lo perdí después de una semana – No sé después de cuanto tiempo se sentó delante mío, podía oler su cabello, podía escucharla hablar y podía pedirle prestado un lapicero para que por lo menos sepa de mi existencia. Después dimos un examen… Sí, esos que separan a lo brutos de los inteligentes… Sí, sí, ella paso y yo me quedé, lógicamente… Y de ahí no supe más de ella.
No, no creas que ahí acaba la historia. ¿A que venía eso del verano del 2007? Pues que ese mismo verano Carlos me dio su correo y volvimos a hablar. No me reconocía por mas detalles que le daba – Me sabía cada detalle a la perfección – Pero no logró reconocerme. Fue como dos meses que le hablaba como un idiota y ella me respondía sin saber quien era. ¿Quieres oír algo gracioso? Un día, en esos en los cuales no se acordaba de mi, le pedí su número y a los pocos días la llame, ¡Imagínate! Ella pudo creer que yo era un pervertido – bueno tampoco se equivocaría – le dije “¿Aló? Eliana, soy yo, Luis”… y ella “¿Luis?...” “Sí, sí… Luis Omar… el del correo”… “¡Ah!.. Hola”… “¿Ya te acordaste de mi?”… “No”… “A ya… ¿Hoy te conectas?”… “Sí”… “¿A qué hora?”… “A la misma hora de siempre”… “A ya, ¿de verdad no te acuerdas de mi?”… No puedo creer que haya sido tan estúpido ¡ELLA NO ME CONOCIA!
Un día instale mi webcam y por fin pudo saber quien era y ya después con el tiempo pase a recogerla a su colegio – Tampoco sabia que decirle… ERAMOS DOS DESCONOCIDOS – pero con el tiempo conversábamos más y más.
Después de siete u ocho meses de largas conversaciones por internet, varias veces que fui a recogerla y tantas tonterías (de las cuales yo andaba enamorado) le dije que sea mi enamorada… Me dijo que no… Mentira, me dijo que sí.
No sabes lo que viví con ella, éramos dos jóvenes que se enamoraron como nadie puede enamorarse en este mundo. Como diría mi querido Fito Páez “Miren todos, ellos solos, pueden más que el amor, y son mas fuertes que el Olimpo” no recuerdo si es “fuertes” o “Grandes”… El rollo es que como nosotros NINGUNA RELACION… llegaba tarde a mi casa por conversar con ella, por besarla y abrazarla… Recuerdo que cuando me dijo que sí quería ser mi enamorada – Siguiendo con el protocolo de toda declaración – Venía el beso – Nuestro primer beso – Pero ella volteó el rostro y yo me quedé como un estúpido besando su mejilla. Meses después me confesaría que se moría de vergüenza… ¿Quién no? Si le dije que fuera mi enamorada en una avenida grande, donde todo el mundo estaba al acecho.
¡Hay, viejo!... ¡Qué jodido es recordar!... Aún conservo la única carta que me escribió y también algunas canciones que nunca faltan en mi MP3. Hace mucho escuché que en la vida existen dos tipos de mujeres: “La mejor” y “la inolvidable”… Pero no necesariamente la mejor es la última y la primera es la inolvidable. Bueno en mi caso no es así… La mejor (y con mucha pena para mi última ex enamorada, que no ocupa ninguno de los dos lugares) Es ella.
Llegó el verano del 2008, con eso la libertad del colegio. Ingresé a la universidad, tenía una novia muy guapa, que se hizo querer por toda la familia, salía con ella muy seguido, hablábamos por teléfono hasta tarde… Todo estaba muy tranquilo. Una de las cosas que nunca voy a olvidar fue el año nuevo del 2008. Ella iba a pasarlo con su familia y yo con mis amigos… No, no, no ,no, yo a esa mujer siempre le fui fiel, ella era un poco celosa – Yo me tragaba todos mis celos – Y motivos nunca le faltaron, porque yo era mucho de estar en la calle y con mis amigos y amigas – Que algunas eran muy cariñosas – pero a pesar de que pude haber hecho miles de estupideces, siempre le fui muy fiel a esa mujercita. Me está dando mucha pena ¿Sabes?... No quiero ponerme triste hoy que es sábado y en la noche tengo que salir.
Bueno, ¿En qué estaba?... ¡Claro! En ese año nuevo. Entonces salí con Carlos – No vayas a creer que éramos gays – siempre andaba con él, sabía escucharme… Así como tu, viejo. Bueno no hagas que te abrace, mejor continúo. Entonces salí con Carlos ¿Ya lo dije no?... Primero fuimos por una hamburguesa, luego compramos un arsenal de pirotecnia que me salió un ojo de la cara, luego compramos cervezas y de alguna manera terminamos en la casa de la amiga de una amiga, tomando y viendo como Carlos se aprovechaba de la situación etílica de las chicas. Yo cada quince minutos me iba a un costadito a llamarla y decirle lo mucho que las estaba extrañando y lo mucho que la amaba. Entonces en una de las tantas llamadas de esa noche me dijo “Voy a tu casa”… Y sin que me diera muchas explicaciones de cómo consiguió el permiso y después de jalarlo a Carlos de su polo hasta la puerta, fuimos a recoger a ella y a sus amigas. Estaba muy guapa, con su melenita – Porque tiene el cabello muy largo, déjame decirte- y sonriente y corriendo a abrazarme y besarme.
Fuimos a mi casa, no sentamos y conversamos, luego llegó mi hermana con su enamorado y sacamos unas cervezas y después de conversar y sin saber que hacer… Vimos una película, todos se aburrieron, menos nosotros porque estábamos de la mano y besándonos cada tanto. No se si esta bien lo que hice, pero esa misma noche le di la mala noticia, le dije que me iría a trabajar fuera de Lima, a la tienda de mi tío. Le dije que sería una semana después y esa noche, salimos de mi sala y nos abrazamos con mucha fuerza.
Esa semana la aprovechamos a tiempo completo, le enseñe a jugar billar, ya que en los veranos – Obviemos este – Mi único hogar es el billar. Salimos con Carlos y con Mili a Miraflores y muchas cosas que las tengo intactas en mi memoria… En nuestra memoria.
Fue a despedirme para mi viaje, la llamé muy seguido cuando estuve de viaje… Claro, claro, salí con mis primos en ese viaje y algunas veces salíamos, pero recuerda, viejo, a lado de ella no existe mujer que me haga pecar.
De regreso le traje algunos regalos a ella y a su hermana, porque fue su cumpleaños y todo volvió a ser como antes. ¡Ah! Quiero contarte algo, antes del viaje… Antes de que termine el 2007… Yo sembré un pino. Vi como fue creciendo y para mi viaje le pedí a ella que me lo cuidara… Nunca más supe de mi pino, le puse de nombre “minguito” por la novela de Vasconcelos “Mi planta naranja-Lima”… También tiene una novela mía, eso fue una de las cosas que hasta ahora hacen que me arrodille y me dé cabezazos contra el suelo ¡DEBÏ DE HABERSELA PEDIDO!
Me dijo, un día, que ya no la miraba como antes, que yo había cambiado mucho… Yo pensé que quería terminar conmigo, viejo, esto pocas veces se lo he dicho a la gente, pero estuve a punto de llorar diciéndole “Dime qué puedo hacer para que todo vaya mejor”… No se lo vayas a decir a nadie.
Ya había entrado a la universidad y también llego mi cumpleaños, la pase a su lado tomando café. Sinceramente, a mi no me gusta celebrar mi cumpleaños, LO DETESTO y ese año no fue la excepción, no fue el mejor cumpleaños de mi vida, pero estaba ella a mi costado y eso era suficiente.
Ambos solíamos repetir la frase de una canción de Mar de copas “¿Cuánto dura ser feliz?”… pues he encontrado la respuesta. Todos los meses que pasé a su lado… Eso fue amor y lo demás son tonterías.
Terminamos mal, muy mal… Mi error fue enterarme de que existe la libertad, de que se puede vivir a tope, pero el precio de esa libertad, el precio de esa manera de vivir… era la soledad. ¿Suena a estupidez no?... Yo también lo creo, pero en esas épocas llegue a creer en eso. También hubo una chica, pero en realidad ella no fue el detonante, aunque Eliana siempre lo vio así. Claro, también cometí el error de ser enamorado de esa otra chica, no error… Bueno error en la medida en que no me quiero imaginar el calvario que vivió ella en esos momentos.
Yo también pienso lo mismo, fue una estupidez muy grande hacer tremenda barbaridad. Por lo menos debí dejar que pase un poco de tiempo. Pero déjame decirte que yo tengo una idea muy grande de “vivir el ahora”… Y eso me ganó.
No sé si volvería con ella, la pregunta sería ¿Ella volvería conmigo? … No vayas a buscarla y preguntarle eso, que te puede matar, ¿Ya te dije que es escorpio?... Me llevo lo mejor de esa relación, diga lo que diga la gente, sus amigas, mis amigos, mis familiares (fue muy querida por ellos) y todos los que vieron esa relación que fue mucho amor. Quiero que sepas que he mentido a todo el mundo diciendo que nuestra relación duró ocho meses, todo término faltando cuatro días para cumplir siente meses. Pero también quiero engañarme y darle más tiempo a mi memoria, a mi nostalgia de saber que en algún momento… Ella y yo, de espaldas con el mundo, escapando de nuestras vidas, nos juntábamos y éramos uno solo. Hasta ahora no sé que pensar de lo que es el amor… Si me preguntan que es el amor… Digo su nombre.
No vayas a contarle esto a nadie… Es un pacto entre tú y yo.


(Abel es sordo mudo y sé que nunca sabrá lo que le he contado… pero pudo ver mi rostro en cada expresión cuando hablaba, cuando me emocionaba, cuando me ponía nostálgico... Un poco triste y volvía mi mirada con ironía… a veces es bueno recordar… sobre todo, historias como aquellas.)

diciembre 12, 2009

El reencuentro eclesiástico

-Hueles a cigarro –me dijo cuando la salude. Estaba más guapa que de costumbre, hacia mucho que no la veía ¿Una año? Quizá dos, pero no podía negar que estaba más bonita que antes, cuando recién la conocí.

No sabía que hacía ahí, había pasado mucho tiempo sin que yo participara en algo de la iglesia, pero mi hermana me dijo que la ayudara a envolver regalos para la campaña de navidad.
Nunca me sentí identificado con la iglesia, incluso cuando formaba parte de ella, siempre sentía un “deber”, nada me nacía, todo lo hacía porque lo tenía que hacer. Quizá por eso me fui, obviamente volví por un tiempo, pero fue peor que el inicio, así que hui por segunda vez y esa iba a ser la definitiva.
Lo único bueno de la iglesia fue Jessica (que ahora estaba muy diferente). La conocí en una campaña de navidad tres años atrás. Para esa época ambos estábamos en el colegio, teníamos la misma edad y siempre nos cruzábamos en los diferentes eventos de la iglesia. Tenía el cabello oscuro, de piel clara, de ojos brillantes y una mirada que solo causaba ternura. Yo por el contrario, estaba en el hoyo.
Hablábamos mucho desde que me envolví en el rollo eclesiástico, hablábamos mucho de nosotros, de mis relaciones, de sus relaciones, de mis amigos, de sus amigos, de mis anécdotas, de sus anécdotas… nunca nos falto un tema. Muchas veces pasaba a recogerla a su casa para ir a misa, para ir al rosario, para hablar toda la noche juntos.

Y ahora estaba ahí, criticando el perfume del tabaco que despedía mi polo.

-¿Haz fumado? – me preguntó mirándome como esas veces.
-Un poco.
-No deberías hacerlo, hace mucho daño…

Y mientras me resondraba me perdía en sus ojos. “Si tan solo no estuviera en la iglesia” pensaba de una manera energúmena.

Nos pusimos a envolver regalos, hablamos mucho, pero eran tonteras a comparación de nuestra camaradería de antes. Me hablaba de que su vocación estaba en duda, cosa que en ese momento no entendí y yo metí mi nariz diciéndole que yo también dude de mi vocación hacia ya un año, cuando era estudiante de Finanzas en ESAN, dudaba de esa vocación porque dedicaba más de ocho horas a leer y a escribir, huía de clases, iba a un barcito que quedaba por la universidad Católica y que, obviamente, lo único que quería era ser estudiante de literatura en la San Marcos.

-No Luis, no me estas entendiendo. Estoy en duda, no sé si ser monja.

Me quedé paralizado, dejé por un momento de envolver. Pero ella seguía igual, envolviendo, sin darse cuenta de mi reacción.

-Lo he pensado mucho, pero no se qué hacer con mi vida. Me va bien en la universidad, pero siento que esto no me llena por completo.

Volví a empacar el regalo, no opinaba mucho ¿Dónde diablos estaba la Jessica de antes? La que obviamente sabía que quería tener hijitas y ser una mama a tiempo completo y mimar a su marido como nunca lo hizo con otra persona ¿Dónde está esa Jessica? Que lo único que quería era ser profesional y casarse de blanco.

-¿Tu qué opinas? –Me dijo de golpe, clavándome esa mirada tan dulce de siempre.
-No sé –Obvio que no sabía, si cuando estaba en la iglesia ella era la única, con la que me casaría, con la que tendría una familia feliz.

Me reí y le dije que se tranquilizara, que hay tiempo. Y le cambie de tema.
Me empezó a preguntar por mí, sobre mi vida, mis relaciones recientes, ¿Qué opinaba de la vida?...

-Dime Luis ¿Todavía quieres ser escritor? –Creo que ella era la única chica a la que le había dicho que quería ser un escritor profesional, en una reunión.
-No sé, ya no escribo como antes. Ya no leo como antes. Nunca tuve el talento flaca… nunca lo tuve.

Recuerdo que una vez nos quedamos mirándonos en la puerta de su casa, estábamos a punto de besarnos, ganas no nos faltaban, incluso ella me estaba cogiendo de mi mano. Pero nuestros principios capellanes hicieron que nos despidiéramos rápidos y que le pida mil disculpas.
Cuando ya era tarde, todos se estaban yendo del Centro Pastoral (una suerte de casa que acoge a todos lo que están interesados en ser miembros de la iglesia… que raro que me acogieron a mí).

-¿Nos vamos?

Si esa frase viniera de una chica normal, de alguna chica que no está involucrada en la iglesia, la hubiera cogido de la mano y la hubiera acercado a mi boca hasta sentir apretados nuestros labios. Pero asentí con la cabeza y le dije: “Vámonos”
Caminamos un par de cuadras juntas, ella me seguía preguntando sobre mí, yo respondía y trataba de no chocar contra sus creencias que alguna vez también fueron mías.

-Bueno, me tengo que ir. Cuídate –Me beso la mejilla y agrego –Estas muy diferentes, no eres el de antes. ¿Desde cuándo eres tan pesimista? ¿Dónde diablos esta el Luis que conocí hace tres años? Tienes una cajetilla grande en el bolsillo y te apuesto que solo quedan pocos cigarrillos, apuesto a que bebes todos los fines de semana ¿Qué tienes Luis? Ya no miras las cosas como antes. Tú me enseñaste a ver las cosas por el lado bueno. Con un par de preguntas me bastaron para darme cuenta que estas en el hoyo, que estas tocando fondo. No es nada físico… pero emocionalmente estas muriendo. Llegaraáun momento donde no aguantarás más.

-Lo siento Jessica. Adiós.

Me fui y volví a prender un cigarrillo, aturdido, pensando en cada palabra que me dijo ella.
Cuando boté todo el humo de mi boca, volteé a ver si ella estaba ahí.

Y me estaba mirando desde hacía un buen rato.